lunes, 15 de mayo de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) SEGUNDA PARTE


Nada de lo que se dice en este artículo debe considerarse como un intento de establecer una teoría que se oponga a la historia por todos aceptada. Cuando comencé a escribir las historias de Conan hace algunos años, escribí esta «historia» de su época y de los pueblos que vivían entonces, afín de darle a él y a sus aventuras legendarias mayor realismo. Y, mientras escribía los relatos, me di cuenta de que si me atenía a los «hechos» y al espíritu de esa historia, me resultaba más fácil imaginar (y, por tanto, describir) a Conan como personaje real, de carne y hueso, que como una creación ficticia. Al escribir sobre él y sobre sus aventuras en los distintos reinos de la época, nunca he pasado por encima de los «hechos» ni del espíritu de la «historia» que aquí se relatan, sino que he seguido la trama de esa historia tan fielmente como lo hubiera hecho el escritor de novelas históricas que hace referencia a la verdadera historia. He usado esta «historia» como guía para los relatos que he escrito de esta serie.

Robert E. Howard


Inspirado, Howard escribía a tal velocidad que el universo de Conan empezaba a escapar de su control. Necesitaba encuadrar su mundo en un contexto manejable que le permitiera desarrollar los relatos que se perfilaban en su imaginación de forma fidedigna, geográfica y temporal. El primer paso fue La Edad Hiboria; un coherente ensayo de ocho mil palabras en el que sintetizaba el nacimiento de la nueva serie que no paraba de crecer. Narrar relatos históricos siempre le había llevado demasiado tiempo y dinero, por ello el texano se basó en los pueblos antiguos de la humanidad. Tenía un amplio margen para desarrollar sus cuentos sin miedo a imprecisiones históricas y, lo más importante, los lectores no lo tendrían difícil para reconocer las razas, naciones y civilizaciones mencionadas. No olvidemos que en aquella época los mundos fantásticos no existían; la gente no estaba familiarizada con ellos tal como sucedería décadas más tarde. Metódico, Howard dibujó mapas y escribió las Notas sobre los pueblos de de la Edad Hiboria para utilizarlos en un futuro próximo. Este nunca dejó nada al azar: se tomaba su trabajo de forma ordenada, eficiente y profesional.   

Los pasajes de La Edad Hiboria son claros, verosímiles y memorables. Pocos escritores de fantasía han definido un universo rico, extenso y variado con tanta naturalidad sin artificios. Howard, en un alarde de inventiva, decidió integrar los cuentos de Kull de Atlantis, Solomon Kane, Bran Mak Morn e incluso (siendo un personaje moderno) James Allison bajo el mismo techo. Su obra había pasado a un nivel superior. En La Edad Hiboria asistimos a grandes terremotos, barbarie, guerras tribales, esclavitud, migraciones constantes, pastoreo, civilizaciones extraordinarias y por último el inevitable cataclismo que formará el mundo actual.

En ese momento los lemurios entran nuevamente en la historia, esta vez como hirkanios. A lo largo de los siglos han presionado continuamente hacia el oeste, y ahora una de sus tribus bordea el extremo sur del gran mar interior Vilayet y funda el reino de Turan en la orilla sudoeste. Entre el mar interior y las fronteras orientales de los reinos nativos se extienden vastas estepas, mientras que en el extremo norte y sur abundan los desiertos. Los habitantes de origen no-hirkanio de estos territorios están disspersos y se dedican al pastoreo; se trata de tribus desconocidas en el norte y de shemitas en el sur, aborígenes con algo de sangre hibórea procedente de los conquistadores nómadas. Al terminar este período, otros clanes hirkanios presionan hacia el oeste, en torno al extremo norte del mar interior, y chocan con las tropas orientales de los hiperbóreos.  

EL DIOS DEL CUENCO (THE TOWER OF THE ELEPHANT, DONALD M. GRANT, 1975)

¿A qué vienen tantas preguntas y especulaciones? terció el fornido prefecto. Este es el culpable, sin duda alguna. Llevémosle a los Tribunales; allí lo haré confesar, aunque tenga que romperle los huesos.
Demetrio miró al bárbaro y le preguntó:
¿Has entendido lo que ha dicho? ¿Tienes algo que añadir?
Que el hombre que me toque estará muy pronto saludando a sus ancestros en el infiernocontestó el cimmerio con los dientes apretados y los ojos centelleantes llenos de ira.

Después de enviar los primeros relatos de Conan (El fénix en la espada y La hija del gigante helado) a Weird Tales en mayo de 1932, Howard escribió El dios del cuenco en pocos días. Las Vidas de Plutarco le sirvieron para la ambientación (la Roma Imperial) y los nombres de los personajes (Póstumo, Enarus, Demetrio, Dionus, etc) de la historia. Un adolescente bárbaro se encuentra con una inesperada y desagradable sorpresa cuando se dispone a robar en una mansión Nemedia. Por primera (y última) vez en la saga, la trama es de intriga detectivesca. Tenemos un cadáver, guardias armados, aristócratas y un misterioso objeto traído de la lejana Estigia. Conan, como no podía ser de otro modo debido a su edad, se nos presenta como un individuo salvaje, torpe e impetuoso, dispuesto a abrir en canal a cualquiera que se atreva a ponerle la mano encima. El cimmerio poco (o nada) tiene que ver con los individuos civilizados que lo rodean; su dinamismo lo hace destacar entre brutos, pusilánimes y estúpidos. Howard critica a una sociedad corrupta capaz de condenar a un inocente con tal de tener un culpable para impartir “justicia”. El dios del cuenco es una gran historia que tardó una eternidad en ver la luz. Al igual que sucedió con La hija del gigante helado, Fransworth Wright la rechazó por considerarla demasiado experimental. Puede que por ello el autor no volviera a escribir nada parecido. Debía ganar dinero para vivir; no podía permitirse el lujo de no vender sus cuentos. Por fortuna, el tiempo le ha hecho justicia.     
   
LA TORRE DEL ELEFANTE (WEIRD TALES, MARZO DE 1933)

El cimmerio alcanzó a ver un enorme cuerpo cerca de la muralla y se sintió aliviado al comprobar que al menos era una figura humana; entonces el individuo giró rápidamente sobre sus talones y lanzó un grito de asombro que denotaba pánico, hizo ademán de dar un salto hacia adelante, con las manos extendidas, pero retrocedió al ver el brillo de la espada de Conan. Durante unos segundos llenos de tensión ninguno dijo una palabra, sino que esperaron atentos a lo que pudiera ocurrir.
Tú no eres soldado dijo finalmente el extraño en voz muy baja. Tú eres un ladrón igual que yo.
¿Y quién eres tú? preguntó el cimmerio con un susurro receloso.
Soy Taurus de Nemedia.
El joven bárbaro bajó su espada y dijo:
He oído hablar de ti. Todos te llaman el príncipe de los ladrones.

La Torre del Elefante merece estar entre lo más excelso de la producción howardiana. Nos encontramos de nuevo con un joven e inexperto cimmerio que da sus primeros pasos como ladrón. Su falta de experiencia es compensada por el valor y la osadía que lo hace tomar arriesgadas decisiones que otros hombres más veteranos no asumirían. Después de una reyerta tabernaria en el Maul, movido por la curiosidad y el deseo de obtener botín, Conan decide allanar la Torre del Elefante; una mansión custodiada por un hechicero de sórdida reputación temido en todo el país. La aventura posee calidad cinemática y está dividida en varios niveles: la cantina, el jardín, la cúspide de la torre, la mazmorra del dios elefante, los aposentos de Yara, etc.   

No puedo negar que este relato es de mis preferidos: una epopeya desbordante de acción, virilidad y fantasía. La parte en la que Yag-kosha habla de su pasado me parece sublime; imaginación en estado puro que te conduce a otras dimensiones lejos de la tierra, a planos cósmicos inexplorados por el hombre. A diferencia de los novelistas de literatura fantástica actuales, Howard siempre fue genuino; no tenía la necesidad de imitar a nadie para crear su propia obra. El final del cuento es lóbrego e imprevisto; uno de los puntos fuertes del autor.  

La historia y la épica de Bullfinch continuaban en la mente de Howard. Después de terminar dos cuentos de James Allison —Los caminantes del Vahalla y El jardín del miedo— estaba preparado para regresar al mundo hiborio. La compañía blanca y Sir Nigel de Arthur Conan Doyle se encontraban entre sus libros de cabecera. El mes de abril de 1932 iba a resultar fructífero para el texano.    


lunes, 1 de mayo de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) TERCERA PARTE

Brillante cáscara de una gastada mentira; fábula del derecho divino...
Recibiste en herencia tus coronas, pero la sangre fue mi precio.
¡Por Crom que no venderé el trono que conseguí con sangre y sudor
por valles llenos de oro, ni la amenaza del Infierno!

El camino de los reyes

Howard pasó la mayor parte de su corta vida en soledad, recluido delante de la máquina de escribir, forjando todo tipo de historias y personajes que lo convertirían en leyenda. Tal como le sucede a la mayoría de los artistas, la gente que lo rodeaba nunca fue capaz de entender sus intereses y mucho menos valorar su trabajo. Tenía pocas amistades, no se relacionaba con el sexo opuesto y su tiempo libre lo dedicaba a la narrativa, viajar por los alrededores y cuidar de su madre, cuya precaria salud iría empeorando a lo largo de los siguientes años. A diferencia de los héroes salidos de su pluma, el autor era una persona tímida, meditabunda e introvertida. Solomon Kane o Kull de Valusia lo hubieran representado sobre el papel perfectamente. 

Antes del nacimiento de Conan de Cimmeria, el texano había escrito sobre el espadachín Solomon Kane (su primera creación literaria importante), la fantasía prehistórica del rey Kull, el picto Bran Mak Morn, los marineros/boxeadores Steve Costigan (Fight Stories) y Kid Allison (Sport Story Magazine), Turlogh O’Brien (proscrito del siglo XI dominado por el odio del que solo pudo completar dos historias), Cormac Fitz Geoffrey (ficción histórica ambientada en la Tercera Cruzada), Cormac Mac Art (pirata irlandés que corre aventuras junto a un grupo de saqueadores vikingos), terror inspirado en los mitos de Cthulhu (Los hijos de la noche y La piedra negra) y Rostro de Calavera (una novela corta en consonancia con los gustos de la época que imitaba el estilo “peligro amarillo” de Sax Rohmer), entre muchas otras historias. ¿Cuántos autores serían capaces de mostrar un rendimiento, una versatilidad y una excelencia literaria similar en los tiempos que corren?

Todo ello le sirvió para pulir imperfecciones, desarrollar habilidades y templar la calidad de su prosa. La mente de Howard funcionaba de forma práctica: creaba una serie y, si esta no tenía éxito o perdía el interés por la misma, la abandonaba y empezaba otra. Los pulp pagaban poco y mal; debía producir historias lucrativas para llegar a fin de mes. Al carecer de contactos, influencia o prestigio comercial en el mundo literario, únicamente contaba con su talento, obstinación y palabras para vender. Pocos novelistas (Rudyard Kipling, Jack London, Edgar Rice Burroughs) tenían el privilegio de publicar en tapa dura en los años —previos y posteriores— de la Gran Depresión.

Aunque el texano siempre será recordado por sus relatos de fantasía heroica, vale la pena destacar las historias humorísticas —tanto de boxeo como del oeste— que escribió en vida. Estas destilan una imaginación, una calidez y una ironía difícil de igualar. Howard no fue un individuo sombrío, huraño, violento o amargado por voluntad propia. El estado en el que creció —una Texas rural alejada de la mano de Dios— no era idóneo para un individuo de tamañas aptitudes y su don para las letras —entre humildes mineros, agricultores y obreros— nunca encajó en aquella comunidad. Tal como demuestran sus numerosas cartas, siempre experimentó desarraigo, aislamiento y aversión hacia sí mismo. Emociones comprensibles, dada su sensibilidad y lo claustrofóbico de su entorno. Por desgracia, las cartas estaban sobre la mesa y jamás tuvo la oportunidad de escapar de Cross Plains. Quizá por ello los cuentos del autor hayan trascendido sobre los de otros escritores de Weird Tales: su fructífera y ardiente imaginación siempre le fue preferible al mundo real. Aquellas historias violentas y apasionadas, llenas de luces y sombras, reflejaban los miedos, terrores nocturnos y deseos reprimidos de Howard. Cuando exploraba su interior, implicándose emocionalmente, forjaba diamantes literarios difíciles de superar.   

LA CIUDADELA ESCARLATA (WEIRD TALES, ENERO DE 1933)

Contemplaba, con una siniestra sonrisa en el rostro, cómo los reyes frenaban sus caballos a una distancia segura de la taciturna figura que se alzaba por encima de los muertos. Hasta el hombre más valiente retrocedía al ver el brillo asesino que brotaba de los fogosos ojos azules que asomaban por debajo del casco. El rostro oscuro y lleno de cicatrices de Conan ardía de odio; su armadura negra estaba hecha pedazos y manchada de sangre; su enorme espada estaba roja hasta la empuñadura. En aquel momento había desaparecido todo rastro de civilización; allí había un bárbaro enfrentado a sus vencedores. Conan era un nativo de Cimmeria, un montañés fiero y taciturno originario de una tierra oscura y nubosa del norte. Su vida y sus aventuras, que lo habían llevado hasta el trono de Aquilonia, se habían convertido en leyenda.

Imágenes de la batalla de Roncesvalles sobrevuelan la introducción de La ciudadela escarlata. Nos encontramos con un Conan de cuarenta años, soberano de Aquilonia, apresado en el campo de batalla por unos enemigos que lo han vencido gracias a la traición. La historia (la más larga del personaje hasta la fecha) reúne lo mejor de la serie: grandes combates, brujería, serpientes gigantes, mazmorras atestadas de criaturas demoniacas y guerras herederas de la épica medieval que tanto interesaba al autor. El cimmerio solo cuenta con su coraje, fuerza de voluntad y destreza en el combate para sobrevivir. Su huída a través de los túneles y criptas de la fortaleza está brillantemente escrita, dosificando tensión, misterio, drama y horror.

Durante su estancia en los calabozos de Tsotha, uno de los carceleros lo reconoce como Amra, su apodo de juventud cuando pirateaba junto a Bêlit en las costas de los reinos del Sur. La conversación resume el carácter volcánico del cimmerio en unas pocas líneas:

—He arriesgado mucho para venir a verte. ¡Mira! ¡Las llaves de tus grilletes! Se las robé a Shukeli. ¿Qué me darás por ellas? —preguntó, agitando las llaves delante de los ojos de Conan.
—Diez mil monedas de oro —contestó el rey rápidamente, con una esperanza en el corazón.
—¡No es suficiente! —repuso el negro gritando, con feroz alegría en su rostro de ébano—. No es suficiente teniendo en cuenta el riesgo que corro. Tsotha es capaz de enviar a sus monstruos para que me devoren, y si Shukeli se da cuenta de que le robé las llaves, me colgará del... bueno, ¿qué me das?
—Quince mil monedas y un palacio en Poitain —ofreció el rey.
El negro lanzó un alarido y se puso a dar saltos de alegría.
—¡Más! —pidió a gritos—. ¡Ofrece más! ¿Qué me darás?
—¡Perro negro! —dijo Conan, con un rojo velo de furia en los ojos—. ¡Si estuviera libre, te rompería el cuello! ¿Acaso Shukeli te envió aquí para que te burlaras de mí?

Virilidad en estado puro. Comparado con las creaciones de otros escritores de la época, más amables y asequibles para el público general, Conan destaca por su personalidad impetuosa, fiera y salvaje. Este es un hombre inteligente, hábil y de muchos recursos. En su posterior traslación al cine, al igual que sucedió con Tarzán, perdió misteriosamente la capacidad de comunicarse. De hecho, la mayoría del público cree que el cimmerio es un individuo hipermusculoso, vestido con acero y pieles, que solo sabe “aplastar enemigos, verlos destrozados y oír el lamento de sus mujeres”. Nada más lejos de la realidad.      

Lástima que Howard no hiciera hincapié en la etapa de Conan como rey. El fénix en la espada, La Ciudadela Escarlata y la novela La hora del dragón (de la que hablaré más adelante) cuentan entre las joyas de la corona del bárbaro y, por defecto, de su autor.

LA REINA DE LA COSTA NEGRA (WEIRD TALES, MAYO DE 1934)

Y bailó como un torbellino en el desierto, como una llama inextinguible, como el impulso de la creación y de la muerte. Sus pies blancos rozaban suavemente la cubierta manchada de sangre, y los moribundos se olvidaron de morir mientras la contemplaban extasiados. Entonces, al tiempo que las blancas estrellas brillaban tenuemente a través del terciopelo azul del atardecer, haciendo de su cuerpo una borrosa llama marfileña, Bêlit lanzó un grito salvaje y se arrojó a los pies de Conan. El ciego deseo del cimmerio le hizo olvidar el mundo cuando estrujó su jadeante cuerpo contra las negras placas de su pecho acorazado.

Después de que Weird Tales comprara El fénix en la espada, La Torre del Elefante y La ciudadela escarlata, a Howard no le costó vender una de sus historias más famosas: La reina de la Costa Negra. Jamás ni antes ni despuésencontraremos tanta sensualidad y romanticismo en la saga. Todo ello se lo debemos a la reina corsaria Bêlit, a la que Conan une su destino a continuación de una sangrienta batalla naval contra los miembros del Tigresa. Espoleado por la libertad, la aventura y el botín que le prometen los océanos, no duda en convertirse en su amante y compañero de armas, antes de lanzarse a saquear los mares del Sur. El cimmerio se transforma en Amra, el León, y durante años de pillaje, luchas y vagabundeo, su nombre se convierte en leyenda. Puede que el pasaje más famoso de toda la obra de Howard sea el siguiente:

¡Si yo muero y tú tuvieras que luchar por tu vida, yo volvería del abismo para ayudarte; sí, lo haría tanto si mi espíritu flotara bajo las velas purpúreas del mar cristalino del paraíso, como si se retorciese entre las llamas del infierno! ¡Soy tuya, y ni los dioses ni la eternidad podrán separarnos!       

El Tigresa se introduce en el río Zarkheaba buscando una misteriosa ciudad abandonada en la que esperan conseguir el botín digno de un rey. La ambición ciega a la tripulación y a su capitana y, en un dramático giro inesperado, todos pagan un precio. El bárbaro, con las venas hirviendo por el odio y la sed de venganza, decide enfrentarse a sus oponentes en inferioridad de condiciones. La batalla entre las ruinas es épica: experimentamos la tenebrosa ira del cimmerio, los disparos de su arco y el impacto de las flechas en el enemigo. El clímax de la historia llega cuando Conan se encuentra atrapado debajo de una columna, a punto de perecer, y gracias a la aparición de su amada logra destruir al diablo alado que pretendía acabar con él.

A diferencia de las doncellas asustadas y sin personalidad que aparecerían posteriormente, Bêlit destaca por ser una mujer independiente, fuerte y guerrera; la versión femenina del bárbaro. Aunque la reina pirata es un personaje fascinante, siempre he creído que los estudiosos exageraron la relación que mantuvo con Conan, convirtiéndola en el gran amor de su juventud. Este nunca fue un personaje romántico; no encajaba con su instinto de supervivencia. Finalmente, la imagen del cimmerio apoyado sobre una espada manchada de sangre, silencioso y desolado, mientras contempla cómo el Tigresa desaparece envuelto en llamas en las aguas violetas y escarlatas previas al amanecer, ha pasado a la historia del género fantástico.  

Desde sus discretos inicios, el personaje empezaba a labrarse un camino triunfal entre las páginas de la revista y los lectores comenzaron a demandar más relatos sobre el mismo. Con el paso de los años, Conan de Cimmeria se convertiría en uno de los pilares de la publicación y las ventas se resentirían cuando no contaba con historias del texano. La reina de la Costa negra obtuvo la portada del mes de mayo de 1934; el bárbaro ya lo había conseguido en varias ocasiones durante el año anterior.



martes, 25 de abril de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) CUARTA PARTE


Conan apareció en mi cabeza, simplemente, hace pocos años, mientras me encontraba en una pequeña aldea fronteriza de la parte baja del río Grande. No lo creé por medio de un proceso consciente. Sencillamente emergió del olvido, maduro del todo, y me envió a dar testimonio de la saga de sus aventuras.
Robert E. Howard


En la correspondencia mantenida con otros colegas de oficio, Howard manifestaba que sus personajes e historias se presentaban de forma automática, casi sin esfuerzo por su parte, obligándolo a permanecer largas horas delante de la máquina de escribir. No solía mencionar los relatos inconclusos o aquellos que no hubiera logrado vender a los pulp de la época. Con el paso de los años, sus afirmaciones demostraron un exceso de romanticismo y confianza en sí mismo. Entre los numerosos escritos encontrados después de su muerte, se descubrió que el texano elaboraba minuciosamente las sinopsis de sus historias y que, en líneas generales, siempre se mantuvo fiel a las mismas durante el proceso creativo. Los cambios eran mínimos: nombres, escenas, descripciones, modificaciones sugeridas por los editores para poder vender el cuento… Todo ello, por supuesto, sin comprometer la integridad y la calidad de su obra.

A principios de 1932, gracias a la venta de los relatos El pueblo de la oscuridad y El túmulo en el promontorio a Strange Tales of Mistery of Horror, Howard se tomó unas pequeñas vacaciones en el sur de Texas. Según la leyenda, apenas escribió durante aquellos días, en los que vagabundeó a lo largo de la frontera y su única ocupación consistió en «el consumo de tortillas, enchiladas y vino español». El autor se hallaba en un bache creativo y necesitaba descanso, otro ambiente y nuevas experiencias para refrescar las ideas. El poema Cimmeria fue el primer paso que cambiaría su obra (y su destino) para siempre.

Howard apuntó en una carta: «Escrito en Mission, Texas, febrero de 1932; sugerido por la visión de las colinas que se alzan sobre Fredicksburg bajo la neblina de un chaparrón invernal».

Recuerdo
Los bosques oscuros, que ocultaban laderas de sombrías colinas;
el arco plomizo y perenne de las nubes grisáceas;
los oscuros arroyos que fluían en completo silencio,
y los vientos solitarios que susurraban por los pasos.

Paisaje sobre paisaje, colinas sobre colinas,
ladera tras ladera, tapizadas todas de árboles tétricos,
se extiende nuestra severa tierra. Tanto que, cuando un hombre
coronaba un picacho y miraba, cubriéndose los ojos,
no veía sino paisaje sobre paisaje, colina sobre colina
ladera tras ladera, encapuchadas todas, como sus hermanas.

Era una tierra sombría que parecía albergar
todos los vientos, las nubes y los sueños que rehúyen la luz del sol,
de ramas desnudas que estremecían los solitarios vientos,
presidida toda ella por las lúgubres florestas,
que ni alcanzaba a iluminar ese raro visitante, el sol
que cosía sombras menudas a las figuras de los hombres; la llamaban
Cimmeria, Tierra de Oscuridad y profunda Noche.

Fue hace tanto, y tan lejos
que he olvidado el nombre por el que me llamaban.
El hacha y la lanza de punta de piedra son como un sueño,
las cacerías y las guerras, sombras. Recuerdo
solo la quietud de esta tierra sombría;
las nubes que se apiñaban sobre las colinas;
el crepúsculo de los bosques interminables.
Cimmeria, tierra de la Oscuridad y de la Noche.

Oh, alma mía, nacida entre colinas oscuras,
entre nubes y vientos y fantasmas que rehúyen la luz del sol.
¿Cuántas muertes necesitarás para quebrar al fin
esta heredad que me envuelve en la gris
mortaja de los fantasmas? Busco mi corazón y encuentro a
Cimmeria, tierra de la Oscuridad y de la Noche.

Howard, al igual que Plutarco, admiraba a los antiguos celtas que habitaban en tierras ásperas, rodeados por bosques impenetrables, montañas afiladas cubiertas de nieve y la dureza elemental propia de la vida salvaje. Siempre se ha sospechado que la descripción de Cimmeria fue inspirada por su lugar de nacimiento: Dark Valley, condado de Palo Pinto, Texas. Entre la creación del poema y el nacimiento del bárbaro apenas transcurrieron unos días de diferencia.

Conan siempre se ha considerado una versión idealizada del autor: fiero, indómito, un león en batalla, seductor, caballeroso, etc. Una corriente subterránea de oscuridad envuelve al personaje —sombrío, rebelde, solitario, lleno de rabia y en constante lucha contra el mundo— que, gracias a su inteligencia, fuerza de voluntad, pericia con la espada y superioridad física, consigue abrirse paso desde una humilde aldea hasta el trono de Aquilonia. Existe un trasfondo oculto en la saga que pocos críticos han puntualizado: la necesidad imperiosa de experimentar una vida plena de aventuras para encontrar el olvido de unos orígenes tenebrosos, cuanto más sangrientas y brutales, mejor. Por otra parte, tenemos a un joven escritor que anhela escapar de la existencia gris, aburrida y monótona propia del entorno rural del medio oeste, alejado de los centros culturales y artísticos en los que hubiera podido desarrollar todo su talento. Trazar paralelismos es inevitable. Gracias al bárbaro, Howard se convirtió en leyenda. Ambos —personaje y creador— terminaron alcanzando su objetivo.

Aunque el texano era un maestro escribiendo escenas de acción, la influencia de sus películas favoritas son notables en las historias del cimmerio: El jorobado de Notre Dame, Robin Hood, La marca del Zorro, El pirata negro, El ladrón de Bagdad, etc. Howard escribía a gran velocidad para ganarse la vida y no solía redactar más de dos borradores antes de dar por concluida la historia. Excepto con Conan, claro está, que se convertiría en su principal fuente de ingresos durante los siguientes años.     

EL COLOSO NEGRO (WEIRD TALES, JUNIO DE 1933)

Cuando Yasmela corrió de nuevo las cortinas, un cimmerio cubierto de acero bruñido apareció ante los nobles. Tenía la visera alzada y el semblante oscurecido por las negras plumas de su casco, y de su figura emanaba un aire sombrío e imponente que hasta el mismo Thespides no pudo menos que advertir, a su pesar. Unas palabras de broma murieron en los labios de Amalric, que dijo con voz pausada:
—¡Por Mitra, nunca creí que te vería con armadura completa, Conan de Cimmeria, pero debo reconocer que no quedas mal! ¡Por los huesos de mis dedos, que he visto a muchos reyes que llevaban la armadura con bastante menos majestad que tú!
Conan se quedó callado. Una vaga sombra cruzó por su mente, como una profecía. En los años venideros iba a recordar las palabras de Amalric, cuando el sueño se convirtiera en realidad.

El coloso negro fue el primer cuento del personaje que consiguió la portada de Weird Tales. Curiosamente, tal como sucedería más adelante, Conan es relegado a un segundo plano a favor de las sugerentes jóvenes en apuros que aparecían en las historias. El texano no le costó demasiado llegar a la conclusión de que relatos como El dios del cuenco no le harían ganar dinero, por ello, en una época de necesidad, recurrió a una fórmula que, aunque a la larga se convertiría en rutinaria, le ayudaría a mantenerse a flote económicamente.

La historia —al mejor estilo de Sax Rohmer— comienza con la inesperada resurrección de un nigromante que, al volver a la tierra de los vivos, no duda en reunir a los clanes del desierto para conquistar los territorios que le pertenecieron siglos atrás. Desesperada por las monstruosas visiones que visitan sus sueños, la reina Yasmela decide pedir ayuda al oráculo de Mitra para vencer a su adversario. En el templo recibe la indicación de que nombre comandante de sus ejércitos al primer hombre que encuentre por la calle. Como era de esperar, tal responsabilidad recae sobre los hombros del bárbaro.

Este se nos presenta como un individuo pendenciero, implacable, luchador, franco y seguro de sí mismo. Sus superiores, aunque desconfían de sus habilidades como comandante en jefe, no pueden dejar de admirar su arrojo y valentía en el campo de batalla. Las últimas páginas del relato son memorables: después de la cruenta lucha contra el ejército de Khotan, en la que perecen miles de soldados, tanto amigos como enemigos, Conan aniquila al brujo con un certero golpe de espada. 

Nuevamente, al igual que sucedió en La reina de la Costa Negra, sexualidad y muerte van unidas de la mano:

—¡Por los demonios de Crom, muchacha! —dijo Conan, con un gruñido—. ¡Suéltame! Hoy han muerto cincuenta mil hombres y todavía hay mucho que hacer...
—¡No! —repuso ella, jadeando y aferrándose a él con todas sus fuerzas—. ¡No te dejaré marchar! ¡Soy tuya, por el fuego, el acero y la sangre! ¡Y tú eres mío! ¡Allí pertenezco a otros..., pero aquí tan sólo a ti! ¡No te irás!
El cimmerio vaciló al notar que su espíritu era ya un volcán de encontradas pasiones. El fulgor sobrenatural aún brillaba en la sombría habitación, alumbrando con una luz espectral el rostro muerto de Thugra Khotan, que parecía sonreírles con una mueca siniestra. Afuera, en el desierto, los hombres morían, aullaban y mataban como locos, y los reinos se tambaleaban sobre sus cimientos. Pero todo aquello pareció borrarse del alma de Conan mientras apretaba con fuerza entre sus brazos de hierro el esbelto cuerpo marfileño que brillaba en la penumbra como una blanca llama embrujada.

SOMBRAS DE HIERRO A LA LUZ DE LA LUNA (WEIRD TALES, ABRIL DE 1934)

La voz era tan imponente como la figura que se adelantó tambaleante. Se trataba de un gigante desnudo hasta la cintura, cuyo enorme vientre ceñía un amplio cinto que sujetaba unos holgados pantalones de seda. Tenía la cabeza afeitada, con excepción de un mechón, y los bigotes le caían a ambos lados de la boca. Calzaba babuchas shemitas de color verde con la punta retorcida hacia arriba y empuñaba una larga espada de hoja recta.
Conan lo miró y sus ojos centellearon.
—¡Sergius de Khrosha! —exclamó.
—¡Si, por Ishtar! —repuso el gigante, con una intensa expresión de odio en sus negros ojos—. ¿Creíste que me había olvidado? ¡No! ¡Sergius jamás olvida a un enemigo! ¡Voy a colgarte de los pies y a desollarte vivo! ¡ A él, muchachos!
—Sí, puedes enviar a tus perros contra mí, gordinflón —dijo Conan con desprecio—. Siempre has sido un cobarde, cerdo kothio.

Publicado en Weird Tales con el título de Sombras a la luz de la luna, nos encontramos con un cuento que es una extensión del estilo del anterior: doncellas ligeras de ropa, criaturas demoniacas, ruinas antiguas, luchas sangrientas y un cimmerio caballeroso que, aunque extermine a sus oponentes de la forma más sanguinaria posible, resulta irresistible para las jóvenes que acoge bajo su protección.   

El relato empieza con una joven esclava huyendo de su amo a través de un pantano situado en las cercanías del mar de Vilayet. Antes de que Shah Amurat pueda apresarla, tropieza con un bárbaro loco de rabia al que ha vencido escasos días antes. Ebrio por vengar a los kozakos caídos a las orillas del río Ibars, Conan entra en combate contra su rival, lo aniquila despiadadamente y se lleva a la chica consigo para que los hombres del muerto no acaben con ella cuando encuentren el cuerpo de su señor. Durante su huída en una barca, arriban en una isla sin nombre en la que son atacados por una misteriosa presencia oculta entre la selva. Buscando refugio, pernoctan en unas ruinas decoradas con temibles estatuas de hierro. Por primera vez aparecen piratas en el ciclo del cimmerio: individuos duros, bravucones y rebanapescuezos que, a pesar de su carencia de escrúpulos, conservan un extraño código de honor. La mejor parte de la historia es la pesadilla que turba los sueños de la muchacha:

Olivia soñó, y en sus sueños aparecía constante y obsesivamente un ser maligno, parecido a una serpiente negra, que se deslizaba por unos jardines floridos. Sus sueños eran fragmentarios y llenos de color, como exóticas piezas de un diseño inconexo y desconocido, hasta que cristalizaron en una escena de horror y locura contra un fondo de piedras y columnas ciclópeas. La muchacha vio en sueños un gran salón cuyo techo, muy alto, estaba sostenido por columnas de piedra adosadas en filas regulares a las recias paredes. Entre dichos pilares revoloteaban papagayos de plumaje verde y escarlata. La sala estaba atestada de guerreros de piel negra y rostro de halcón. Pero no eran hombres de raza negra. Tanto ellos como sus ropas y sus armas le resultaban absolutamente desconocidos.

Se agrupaban en torno a alguien que estaba atado a una de las columnas. Se trataba de un muchacho esbelto, de piel blanca y rizos dorados. La belleza del joven no era en absoluto humana... era como el sueño de un dios cincelado en mármol vivo.

Los guerreros negros se reían y se burlaban de él en una lengua extraña. La figura esbelta y desnuda se retorcía bajo aquellas crueles manos, mientras la sangre resbalaba por sus piernas de marfil y salpicaba el pulido suelo. Los ecos de los gritos de la víctima se oían por toda la sala. Entonces, el joven levantó la cabeza hacia el cielorraso y pronunció un nombre con una voz estremecedora. Una daga que empuñaba una mano de ébano interrumpió su grito y la dorada cabeza cayó sobre el pecho de marfil.

Como respuesta al desesperado lamento, se oyó el retumbar de una especie de carruaje celeste, y delante de los asesinos apareció una figura que daba la impresión de haberse materializado a partir del aire. La forma era humana, pero ningún mortal había gozado jamás de belleza tan sobrehumana. Existía un inconfundible parecido entre él y el joven muerto, pero los rasgos de humanidad que suavizaban las facciones divinas del joven no existían en las del desconocido, que resultaban sobrecogedoras en su inexpresiva belleza.

Los negros retrocedieron ante la aparición con ojos que eran como surcos de fuego. El desconocido levantó la mano y habló, y las ondas de su voz resonaron a través de las silenciosas salas con tonos profundos y cadenciosos. Como si estuvieran en trance, los guerreros negros siguieron retrocediendo hasta quedar alineados a lo largo de las paredes en filas regulares. Entonces, de los labios cincelados del desconocido surgió una terrible invocación, que era una orden:
Yagkoolan yok tha, xuthalla!
Al escuchar aquel grito terrible, las negras figuras se quedaron rígidas, como paralizadas. Sus miembros adquirieron una extraña apariencia pétrea. El desconocido tocó el cuerpo inerte del joven y las cadenas que lo sujetaban cayeron a sus pies. Levantó el cuerpo en sus brazos y comenzó a alejarse, mientras su serena mirada recorría las silenciosas filas de figuras de ébano. Señaló con la cabeza hacia la luna, que brillaba a través de algunos boquetes del techo. Aquellas estatuas tensas y expectantes, que habían sido hombres, comprendieron...

Sombras de hierro a la luz de la luna, al igual que los futuros cuentos Xuthal del crepúsculo y El estanque del negro, fueron escritos entre los meses de noviembre y diciembre de 1932. Tal como he comentado, el texano había descubierto la fórmula que le garantizaba que Fransworth Wright comprara las historias del bárbaro. Lo mejor aún estaba por llegar.    



miércoles, 5 de abril de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) QUINTA PARTE


Y al fin Talon and Bow fue publicada. Fue un gran momento en la vida de Steve. Se quedaba sentado mirando su nombre impreso, a veces durante horas, temblando de placer hasta la punta de los dedos. Apenas creía lo que veían sus ojos, y en algunos momentos temía que solo fuese un sueño presuntuoso del que no tardaría en despertar.

Post Oaks and Sand Roughs

En 1928, la novela Post Oaks and Sand Roughs (El Rebelde, La Biblioteca del Laberinto, 2011) fue rechazada por Dodd, Mead & Co. Howard no volvería a escribir ficción realista durante el resto de su brillante (y corta) carrera literaria. Steve Costigan (alter ego del autor) posee los rasgos típicos de sus mejores creaciones: fuerte, honesto, viril, solitario, dueño de una fuerza de voluntad inquebrantable, poseído por tormentos internos y en lucha constante contra el mundo que lo rodea.

Infravalorada en la actualidad por los críticos, El Rebelde constituye una delicia para los fans del texano. En ella descubrimos la vida de un joven aprendiz de escritor de pulps, sus anhelos íntimos, las amistades que tuvo, los empleos que realizó, sus primeros pasos literarios, la terrible soledad que padeció, etc. Todo narrado con la rabia, pasión, fuerza y epicidad que caracterizaría el estilo posterior que lo llevaría a la fama. Aunque las palabras formen un marco de ficción, su autor fue incapaz de resistirse a la exploración interna, a plasmar sobre el papel las ideas, emociones, influencias, demonios y temores que le carcomían el alma.

Es una lástima que Howard no continuara por ese camino: El Rebelde es una rara avis dentro de su nutrida producción literaria. De hecho, siempre he pensado que deberían haberla llevado a la pantalla en vez de los diarios de Novalyne Price (El que camina solo, 1996). Desgraciadamente, tal como ha sucedido con todas las adaptaciones cinematográficas realizadas sobre sus personajes, ninguna ha estado a la altura de la obra y mucho menos ha sido fiel a la misma. A diferencia de multipremiada trilogía del Señor de los Anillos de Peter Jackson, los estudios no han tenido el coraje de respetar la esencia de las historias del texano.  

Howard siempre utilizó los mismos recursos estilísticos: protagonistas feroces y gigantescos, grandes dosis de acción, sangre a mansalva, combates cuerpo a cuerpo, uso de espadas y la superioridad de la vida salvaje (pura y honesta) contra la sofisticación de los imperios en decadencia (débiles y degenerados). Animo al lector a introducirse en la psique de “Bob Dos pistolas” (apodo cariñoso cortesía de Lovecraft) a través de la novela mencionada: le aseguro que no lo lamentará.   

Aparecida en marzo de 1923, Weird Tales era una revista especializada en fantasía, ciencia ficción y terror, que había pasado por profundas penurias económicas (algo que sucedería durante el resto de su carrera) obligando a reestructurar su plantilla directiva. Farnsworth Wright, antiguo ayudante de Edwin Bard, sustituyó a este después de catorce números, haciéndose cargo de la publicación. Wright trabajó en ella desde 1924 hasta su muerte ocurrida en 1940. Publicó a autores como H.P. Lovecraft, E. Hoffman Price, C.L. Moore, Seabury Quinn, Frank Owen, Robert Bloch, Clark Aston Smith, Paul Ernst, Edmond Hamilton, Nictzin Dyaltis y, evidentemente, el propio Howard, que recibió su primera oportunidad profesional en sus páginas.

Durante 1924, el texano había enviado una serie de cuentos cortos y poemas a diversos fanzines que, dada su inexperiencia como narrador, fueron rechazados en su totalidad. Obstinado, continuó insistiendo hasta que logró vender Lanza y colmillo (julio de 1925) y En el bosque de Villerèfe (agosto de 1925) por veinticuatro dólares a Weird Tales. Ambas historias le abrirían las puertas del difícil y competitivo mundo literario de la época. Meses más tarde, después de empezar una novela corta por entregas titulada La isla de los eones que jamás llegó a completar, Howard escribió el relato de 7.500 palabras Cabeza de lobo, secuela de En el bosque de Villerèfe, una obra más madura que la anterior caracterizada por tratantes de esclavos, fiestas, maldiciones ancestrales, castillos de regio abolengo y  misteriosos crímenes.

Mientras empezaba a labrarse una carrera como novelista, al joven autor no le quedó más remedio que aceptar diversos empleos para ganarse la vida, que por un motivo u otro, nunca llegaron a prosperar. El mundo laboral y el texano no eran compatibles: este ponía todo su empeño, paciencia y fuerza de voluntad en esculpir una obra que, con el paso de los años, se convertiría en clásica. Acuciado por sus padres, realizó un curso de contabilidad (que nunca fue de su agrado) y trabajó en una heladería durante el caluroso verano (en la que bajó considerablemente de peso y apenas tenía tiempo para escribir) de 1925. A finales de año llegó a un trato con su progenitor: si en los siguientes doce meses no lograba vivir de la escritura abandonaría la profesión y se dedicaría a trabajar de contable en alguna oficina. 

A principios de 1926, Howard recibió una carta anunciando que Cabeza de lobo había sido aceptada y que ocuparía la portada del mes de abril de aquel año. Por desgracia, como Wright había perdido el manuscrito original, obligó al texano a reescribir la historia. Finalmente, cuando recibió las galeradas, el resultado fue un duro golpe para su ego: el relato no era tan bueno como pensaba. Recibió cincuenta dólares por su trabajo, molestias incluidas.

XUTHAL DEL CREPÚSCULO (WEIRD TALES, SEPTIEMBRE DE 1933, COMO LA SOMBRA DESLIZANTE)

El cimmerio no tenía fuerzas ni para hablar, pero sus labios lacerados esbozaron una leve sonrisa al acercarse a la muchacha. Su pecho peludo, brillante por el sudor y la sangre, jadeaba intensamente. Levantó los brazos con gran esfuerzo y cortó las ligaduras que mantenían atada a la joven en la pared. Luego cayó de espaldas contra ésta, con las temblorosas piernas separadas, que ya no lo sostenían por más tiempo. La joven se incorporó de donde había caído y lo abrazó sollozando histéricamente.
—¡Oh, Conan, estás gravemente herido! ¡Oh! ¿Qué haremos?
—No se puede luchar contra un demonio de los infiernos y salir bien librado de la lucha— dijo el cimmerio jadeando.

Publicado con el título de La sombra deslizante, al igual que sucedió con El coloso negro, la historia consiguió la portada. Como de costumbre, la ilustración de Margaret Brundage ignoró al bárbaro y se centró en los personajes femeninos, haciendo hincapié en la escena de la flagelación. En Xuthal del crepúsculo encontramos una extraña ciudad aislada entre las abrasadoras arenas del desierto, ciudadanos narcotizados por el loto negro, una diosa de cabellos de ébano, la decadencia de una sociedad condenada a la extinción y una amenaza invisible que recorre pasillos perfumados y silenciosos buscando víctimas. Supervivientes del destruido ejército del príncipe Almuric, Conan y Natala se encuentran perdidos en el desierto estigio, sin provisiones, al borde de la muerte. La aparición de las murallas de un enclave civilizado les aporta esperanzas de continuar adelante y el cimmerio, dispuesto a sobrevivir de cualquier modo, decide penetrar en el mismo en busca de comida, agua y refugio.

Enfrentado a fuerzas hostiles superiores en número, Conan se abre paso con su espada, abatiendo a cualquiera que ose interponerse en su camino, sea humano o inhumano. A diferencia de otras historias, en las que el personaje es prácticamente invencible, en Xuthal del crepúsculo pasa hambre y sed, sufre tentaciones físicas, es traicionado y recibe un brutal castigo corporal cuando se enfrenta a la criatura que domina la ciudad con su espeluznante presencia. Tres años más tarde, basándose en el mismo esquema argumental, con todas sus habilidades de escritor desarrolladas, Howard escribiría la superior Clavos rojos.

 EL ESTANQUE DEL NEGRO (WEIRD TALES, OCTUBRE DE 1933)

El movimiento de Conan fue demasiado rápido como para que lo pudiera captar la mirada humana. Su enorme puño chocó con terrible fuerza contra la mandíbula de su contrincante, y el zingario salió catapultado por los aires hasta caer hecho un guiñapo junto a la borda.
Conan se volvió hacia los demás. Excepto un suave brillo que se reflejaba en sus ojos, su compostura y serenidad eran las mismas de antes. Pero el «bautizo» había terminado con la misma rapidez con la que había comenzado. Los marineros levantaron a su compañero. Su fracturada mandíbula colgaba fláccida y su cabeza oscilaba de forma poco natural.
—¡Por Mitra..., tiene el cuello roto! —exclamó un pirata de barba negra.
—Vosotros, los filibusteros, sois gente muy floja —dijo Conan con una sonrisa—. Los barachanos no tomamos en cuenta a tipos como vosotros. ¿Queréis jugar a las espadas conmigo? ¿No? Entonces todo está bien y somos amigos, ¿verdad?

El estanque del negro repite los mismos esquemas de las anteriores aventuras del cimmerio: ciudades encantadas, joven indefensa que proteger, criaturas demoniacas y la supremacía del bárbaro ante cualquier situación que, por muy complicada que sea, este siempre logra triunfar. Víctima de una contienda de piratas, Conan decide abandonar Tortage (capital de las islas Baracha) en bote y atravesar el Océano Occidental. Al amanecer, al distinguir las velas del Holgazán, deja hundirse la lancha y lo aborda a nado, sin temor por las aguas infectadas de tiburones o el recibimiento que podrá recibir en la nave.  

Una faceta interesante a tener en cuenta en esta historia de piratas en la ambigüedad moral del personaje. Por norma, el cimmerio siempre suele actuar como un individuo honorable, caballeroso y con principios. En El estanque del negro Conan traiciona a Zaporavo, obrando con malicia, por no decir crueldad, para apoderarse del barco. Ello aporta un punto de vista distinto del bárbaro que, a pesar de todas sus virtudes, es capaz de ensuciarse las manos para conseguir sus objetivos.   

Buscando un tesoro, El holgazán echa el ancla junto a una isla sin nombre. Para sorpresa de todos, esta se encuentra habitada por una maligna raza de gigantes de ébano que pretende acabar con todos ellos gracias a la magia negra. Después de una sangrienta batalla entre los muros color jade de la ciudad del enemigo, Conan asume el mando de la tripulación, convirtiéndose en capitán de los piratas que, vencidos por su carisma, no dudan en aceptarlo como líder. Los versos con los que empieza el relato son tan poéticos como las Crónicas Nemedias (El fénix en la espada), El camino de los reyes (La ciudadela escarlata) o la Canción de Bêlit (La reina de La Costa Negra):   

Desde la creación del mundo
los barcos navegan hacia occidente
desconocido para el hombre.
Leed, si os atrevéis, lo que escribió Skelos
tocando su levita de seda con manos inertes,
y seguid a los barcos a través de la tormenta…
Seguid a los barcos que no regresarán jamás.    

El estanque del negro posee un valor sentimental: fue el primer cómic que leí sobre el cimmerio. La adaptación de Roy Thomas, John Buscema y Sonny Trinidad es una de las mejores realizadas por Marvel.

A finales de 1932, el texano tenía tanta confianza su personaje que solo necesitaba dos revisiones antes de enviar las historias a Weird Tales. Bran Mak Morn, Solomon Kane, Kull, Turlogh O’Brien y Cormac Mac Art pertenecían al pasado. Empezaba a mostrar interés por las leyendas del Oeste americano que cambiarían su obra para siempre.