jueves, 13 de julio de 2017

ENTREVISTA CORTESÍA PALABRA DE GATSBY


1. ¿Qué le inspiró a escribir una novela ambientada en la “Movida Madchester”?

La idea surgió en el año 2002 gracias a 24 Hour Party People de Michael Winterbottom. Siempre he sido fan de Joy Division y los Happy Mondays. Recuerdo que cuando vi la película pensé: «Sería genial leer una novela sobre esta época». La Movida Madchester fue uno de los movimientos más importantes de la historia de la música: el Britpop y la Cultura Dance no hubiesen existido si aquellas bandas no hubieran sentado precedente. Formaciones como los Stones Roses, Primal Scream, Flowered Up, Inspiral Carpets, The Charlatans, James y The Soup Dragons, por poner algunos ejemplos, cuentan con grandes álbumes que son desconocidos para el público general. En cierto modo, quise hacerles justicia escribiendo sobre ellos. Juraría que ningún escritor español ha publicado una novela ambientada en esa época. “Gravity Grave” cubre ese hueco en el mercado editorial.

2. ¿Qué intenta transmitir a los lectores con su libro?

Los protagonistas son jóvenes que no encajan en una sociedad pueril, abocada al consumismo y hundida por los rescoldos del gobierno de “La Dama de Hierro”. Mientras escribía el libro, me inspiré en la situación política, social y cultural de España. Ambos países, independientemente de la época y espacio temporal, compartían más cosas de las que imaginaba al principio. El mundo no ofrece grandes expectativas: por ello los chicos salen de fiesta, disfrutan de la vida y viven al límite de sus posibilidades. La mejor manera de llenar el vacío es a través de la diversión, quitarle hierro al asunto y continuar adelante con la mayor entereza posible. Hay más alternativas que lo “políticamente correcto”: matrimonio, familia, deudas, hipoteca, colegio de pago para los críos, iglesia los domingos y un empleo espantoso para mantener todo lo anterior. Un ejemplo: uno de los personajes secundarios de la novela —rebelde, punk y pasado de vueltas— al alcanzar la edad madura, hace lo imposible para sentar la cabeza con una mujer que convierte su vida en un infierno. Renuncia a su personalidad, principios, gustos y amigos para no quedarse solo. Quiero que el lector se plantee si vale la pena formar parte del rebaño o nadar a contracorriente.                   

3. Los personajes de “Gravity Grave”, a excepción del veterano Spike, son jóvenes, cínicos y desencantados. ¿A qué se debe?

El Grupo Salvaje es consciente de que, detrás de toda la parafernalia del sexo, las drogas y el Rock ‘N’ Roll, la realidad continúa siendo igual de miserable: empresas que explotan a sus empleados, gente hipócrita que te apuñala por la espalda, superficialidad a mansalva, egoísmo por doquier. No te queda más remedio que volverte cínico y despegado para sobrevivir. El mundo no es un lugar lleno de luz, armonía y color. Si lo permites, puede aplastarte sin el menor remordimiento. En el caso de Spike, las experiencias y sin sabores de la vida lo han vuelto pragmático: nada le importa y se siente orgulloso de su filosofía.

4. Su novela trata con acidez el mundo de la noche, las tribus urbanas y a la gente que interpreta un papel para ser aceptada por los demás. ¿Ironía o crítica social? ¿Ha cambiado la sociedad desde entonces?

Resulta increíble la cantidad de gente frustrada que puedes encontrar en la barra de los bares: resentidos, amargados, insatisfechos y con delirios de grandeza. Quise centrarme en estas personas en particular a través del sarcasmo y el humor negro. Hablo de bares de rock en los que pinchan música infumable que no tiene nada que ver con el género en cuestión, bandas locales que actúan como los Rolling Stones sin haber grabado una maqueta, de aquellos que cada vez que encuentran un grupo de nuevos mejores amigos cambian de gustos e imagen para ser aceptados, de DJ’s que pueden reventarte la noche pinchando basura imposible de bailar, pagafantas que invitan a copas a personas que los manipulan en beneficio propio, etc. Dados los antecedentes, resulta imposible no actuar con ironía al respecto. Cuando puedes juzgar la calidad humana de un país por programas televisivos como “Sálvame”, “Mujeres hombres y viceversa”, “All You Need Is Love… O No”, “Gran Hermano”, “Supervivientes” y demás, significa que las cosas no van tan bien como aparentan. Ello me inspiró a la hora de describir la sociedad británica de principios de los noventa. Empecé a salir a los diecisiete y tengo la sensación que nada ha cambiado en veinte años. El colega anarquista que antes militaba un grupo punk de tres al cuarto ahora se ha vuelto hipster y pincha canciones de Spice Girls, Whitney Houston, Backstreet Boys y Britney Spears. El público, entregado, lo daba todo en la pista. Justo en ese momento abandono el local y me voy a casa. ¡Suficiente por una noche!                 

5. ¿A qué tipo de público está orientada esta novela?

En líneas generales, para cualquier tipo de público y, en particular, está enfocada a los jóvenes que asisten a festivales de rock, leen revistas de música, salen los fines de semana y coleccionan discos de sus artistas favoritos. Pienso que son los que mejor pueden entender la trama.     

6. Nunca conocemos el nombre del narrador de la historia. ¿Por qué?

El narrador, aunque sea el que cuente la historia, es un personaje secundario dentro de su propia obra. Me gusta el “Hombre sin nombre” protagonizado por Clint Eastwood en las películas de Sergio Leone. Spike, Tom y Jane son más importantes que él y, por consiguiente, dejo su identidad a la imaginación del lector. Los críticos suelen alegar que me centro demasiado en el personaje principal y que descuido a los secundarios. Esta vez he hecho todo lo contrario: centrarme en los secundarios y colocar al protagonista en el puesto de observador. En perspectiva, hasta muchas veces participa en la trama. Ahora mismo, si volviera a escribir “Gravity Grave”, no abriría la boca en toda la novela. Puede que utilice ese recurso en el futuro.    

7. ¿Cuáles fueron sus influencias a la hora de escribir la novela?

Las novelas de Nick Hornby, Kevin Sampson, Irvine Welsh, Martin Amis y Henry Miller; películas como la citada 24 Hour Party People, Réquiem por un sueño, Punto Límite: Cero, La naranja mecánica, Alta Fidelidad, Trainspotting y Miedo y asco en las Vegas; los álbumes de la época —tanto Madchester como Shoegaze— con la discografía de The Verve en cabeza; las correrías nocturnas de las que he oído hablar y mi propia adolescencia. Todo es válido a la hora de encontrar inspiración.      

8. ¿Hasta qué punto podemos comprender su novela como autobiográfica?

Mi obra, en mayor o menor grado, es autobiográfica. Creo que narro mejor cuando hablo sobre aquello que conozco de primera mano. A los veinte años escribía sobre personajes de cuarenta y ahora, conforme me aproximo a esa edad, lo hago sobre personajes de veinte. Una extraña ironía, sin duda alguna. De todos los libros que he publicado hasta la fecha puede que Gravity Grave sea el más personal. Suelo definirlo como una historia ficticia basada en hechos reales. Nunca he participado en una rave, ni viajado en un Dodge Charger del 73, ni he consumido éxtasis, ni he bailado hasta las cuatro de la tarde en un caserón abandonado perdido en la inmensidad de la campiña inglesa pero, en cierta forma, para mí fue real. Tengo que creer que estuve de juerga en mayo de 1993 en un recodo de la M25 o, de lo contrario, la narración no resultaría creíble al lector.   

9. Háblenos del personaje más representativo de la novela —“Visionario, estudiante fracasado, viajero acérrimo, consumidor de XTC, camello a jornada completa”— Spike.

Spike es la estrella indiscutible de la función. Toda la novela gira alrededor de su persona. Es el líder de la pandilla, el mentor que los conduce a través del mundo de la noche, el consumo de estupefacientes y la juerga más desquiciada. En cierta forma, a la hora de crearlo, aparte del cantante Richard Ashcroft —del que tomé prestada su imagen, actitud rebelde y forma de caminar— me basé en el carácter de mi padre. Este era el alma de la fiesta, lleno de vida y de sombras, con una labia increíble y un carisma arrollador. Le encantaban los coches, la libertad, la buena música, la aventura, las mujeres. Un alma salvaje que apuraba la vida hasta la última gota sin tener en cuenta las consecuencias. Sin percibirlo, conforme desarrollaba al personaje, su forma de ser fue impregnando mis palabras. Jack Kerouac se basó en su amigo Neal Cassady para crear al inolvidable Dean Moriarty. Podría decir que hice lo mismo. Pienso que “el azote de las calles de Salford”, tal como denomino a Spike, es una de mis mejores creaciones.  

10. Su historia está protagonizada por cuatro compañeros bien diferenciados con sus virtudes y defectos. ¿”Gravity Grave” podría considerarse un homenaje a las relaciones humanas?

La amistad me causa sentimientos enfrentados. La gente suele cambiar a peor cuando encuentra un plan más estimulante o forma una familia. A partir de ese momento, independientemente de los años que hace que trato con esa persona y las experiencias que hemos compartido, todo termina y cada uno se va por su lado. Quise hacer hincapié en un hecho real como la vida misma: nada es para siempre. Detesto el tópico “la gente cambia” que la mayoría utiliza para cubrirse las espaldas. Es la excusa ideal para no tener que argumentar “Soy un hipócrita que he vendido nuestra relación al mejor postor”. Por mí estupendo; la vida es demasiado breve para malgastarla con gente a la que nadie le importa. Puede que por ello eligiera la ficción: la literatura nunca me decepcionará.            

11. La novela tiene un estilo muy visual, casi cinematográfico, con diálogos cortos y mordaces. ¿Fue escrita de este modo a propósito?

Quise plasmar con palabras el lenguaje de la calle. Cada uno de los personajes tiene una personalidad definida, se expresan y actúan de forma diferente. Cuando estás en una rave lo único que quieres es bailar, divertirte y disfrutar de los efectos del MDMA. Las conversaciones no pueden tratar sobre la lista de la compra, los créditos de la universidad, la programación televisiva o el trabajo que realizas durante la semana. Los personajes son fiesteros, tratan con traficantes y buscan el olvido a través de la química y el desenfreno. Evidentemente, tenían que ser malhablados. Mis partes favoritas del libro son los viajes mentales del narrador cuando se encuentra bajo los efectos del éxtasis; sus barreras emocionales se disuelven, se siente en comunidad con la raza humana y lleno de bienestar. Me gusta pensar que he logrado describir de forma verídica y coherente un auténtico viaje de MDMA.       

12. ¿Dónde encaja “Gravity Grave” en el panorama literario actual?

En su momento pensé que no encajaría en ninguna parte. Por suerte, durante los últimos años, han salido a la venta novelas ambientadas en la Ruta del Bakalao que tratan de los mismos temas que hablo en mi libro: fiesta, el efecto de las drogas, amigos caídos en combate, adicción y el precio que tienes que pagar por vivir al límite. Poco a poco, el mercado va abriendo sus puertas a propuestas más arriesgadas que se salen de lo convencional. Si autores como Charles Bukowski, William Burroughs y Hunter S. Thompson venden en nuestro país, no veo porque los escritores españoles no podemos hacer lo mismo.

13. A pesar de que los personajes pasan buena parte de la novela bebiendo y drogándose, en ningún momento hace apología a los estupefacientes. Al contrario, el lema del libro podría ser “Después de la fiesta vienen los remordimientos y la resaca”.

El mundo de la noche, en líneas generales, es una farsa. Veo a toda esa gente bebiendo, haciendo visitas al baño y comportándose como cafres y, por mucho que intenten aparentar que lo están pasando de fábula, en realidad la mayoría se encuentran amargados. Al día siguiente llegan a casa, hechos polvo y arrepentidos por haberse estallado el sueldo en los camellos de rigor. Para consolarse, cuelgan las fotos de la noche en Facebook y se dedican a contar sus penas por whatsapp a todos aquellos que quieran escucharlos. Si este es el concepto de diversión del mundo moderno no lo comparto. Prefiero retirarme a una hora prudente y disfrutar del fin de semana.   

14. La crítica ha hecho hincapié en que el último capítulo de su novela es impactante. ¿Algo que añadir al respecto?  

Mucha gente me ha comentado que esperaba que la novela terminara con una tragedia de proporciones griegas, que los personajes murieran en un accidente de tráfico o algo por el estilo. Nada más lejos de la realidad. Me gusta sorprender al lector, que no pueda anticipar lo que va a suceder en el siguiente capítulo. El plan, desde el principio, fue mostrar la fina línea que separa la fiesta de la autodestrucción. Tanto el lado positivo como el negativo. Un poco como el Screamadelica de Primal Scream: empieza como el subidón propio de las metanfetaminas y termina con la tristeza, nostalgia y desasosiego de la peor de las resacas. Detesto a los escritores que, después de doscientas páginas de locura y cachondeo, terminan la obra con la promesa de que los personajes van a reformarse en una clínica de desintoxicación y elegir el buen camino. Durante todo el libro vamos conociendo a Spike, tenemos una idea de su forma de ser hasta que, por una serie de circunstancias, descubrimos su auténtica personalidad sin la máscara que utiliza para protegerse de invasiones exteriores. Para mí fue tocar techo como novelista.     

Enlace Original:




lunes, 10 de julio de 2017

MÁS ALLÁ DE ORIÓN

La Tierra ya no existe. Aquella manera de vivir fracasó y se estranguló con sus propias manos.

Ray Bradbury


Día primero. Primera Semana.

Algo ha salido mal, he despertado antes de llegar a mi objetivo; la nave se ha desviado de rumbo. En un principio supuse que un asteroide, una tormenta magnética o una lluvia de meteoritos habría sido el causante de aquel desastre. Me equivoqué: todo estaba en regla. Al abandonar la cápsula de criosueño, descubrí que solo llevaba tres meses de travesía. Había abierto los ojos demasiado pronto: no debería haber llegado al Sistema Orión hasta finales de marzo. Compruebo el estado de mis compañeros de viaje: los siete continúan durmiendo; nada desvela sus plácidos sueños. Asustado, me dirijo a la Inteligencia Artificial y lucho por obtener respuestas, pero la máquina me ignora. Intento ponerme en contacto con la Estación Madre, hablar con los Técnicos de Información que controlan la base de Plutón, cosa del todo imposible. Los mensajes y las videoconferencias me son negados. No hay nada que pueda hacer. 

Día segundo. Primera Semana

He pasado una mala noche, apenas logré pegar ojo, horribles pesadillas desvelaron mis sueños. Supongo que tanto tiempo en estado de hibernación me está pasando factura. En la cabina principal, compruebo la trayectoria de vuelo, las constantes vitales de mis camaradas, y las reservas de combustible y de energía: todo está en orden. Vago por los pasillos pulimentados de la nave, confuso, sin saber cómo actuar: en la NASA no me prepararon para afrontar una situación como esta. Siento que las paredes, blancas e inmaculadas, absorben mis energías como una enfermedad. Ausente, intento comer algo, pero mi estómago encogido me lo impide: una bilis amarga se agolpa en mi garganta al intentarlo. Sin desearlo, recuerdo a mi familia, o lo que resta de ella; tuve que elegir entre la misión o mis responsabilidades como marido y padre. Parece que tomé la peor alternativa: mi egoísmo me ha llevado a la ruina.

Día Tercero. Primera Semana.

A través de una ventana panorámica, observo la negrura sin límites del cosmos; las enormes nubes de polvo y gases que forman las nebulosas: hidrógeno, helio, nitrógeno, oxígeno... Las estrellas que parpadean en su viaje, supergigantes azules, gigantes rojas, enanas amarillas, mostrándome una parte de mi sufrimiento. Inconscientemente, he empezado a descuidar mi higiene personal y mi apariencia física. Llevo tres días sin darme una ducha y apenas he probado bocado. Las galletas de proteínas y las bebidas energéticas me producen repulsión. Delante del ventanal, hipnotizado por la visión del universo, percibo que mi figura ha cambiado. Con los ojos enrojecidos por la falta de descanso, analizo mi cuerpo enfundado en un ajustado mono de látex: hombros anchos, pecho amplio, caderas estrechas, brazos y piernas largas. Mi ex mujer siempre me decía que mi imagen «era ideal para los carteles de recluta miento». Una sonrisa amarga se dibuja en mis labios ante la violencia del recuerdo: nunca valoras lo que tienes hasta que lo pierdes.

Día Cuarto. Primera Semana.

Mi mirada abarca doscientos millones de años luz delineados en el infinito. Los cúmulos de estrellas, radiantes y misteriosas, de los sistemas Centauro y Virgo, me muestran todo su esplendor. Aburrido, apretó un botón y amplío las dimensiones del holograma: Ursa Mayor S, Ursa Mayor N, Fornax I, Eridanus, Virgo M, Virgo W, Antlia, Telescopium, Hydra, A3565, Pegasus, Cáncer. Compruebo las coordenadas ecuatoriales, las coordenadas supergalácticas, la distancia de años luz que existen entre ellas y las supercluster a las que pertenecen. Apago el aparato y salgo de la estancia: no soporto estar encerrado dentro de la Sala de Estudios. Durante un momento, tengo la tentación de volver a la cabina de vuelo, intentar ponerme en contacto con mis superiores, pero la futilidad de mi idea me hace un nudo en el vientre: sé que no podré conseguirlo. Camino hacia la cola de la nave, al cuarto de máquinas, con la idea de echar un vistazo a los motores. Una corriente de aire acaricia mi nuca y me pone los pelos de punta. Me vuelvo y busco una pistola en mi costado: la funda de nailon está en mi camarote. Tenso, escudriño el pasadizo, sin ver nada anormal. Durante un segundo tuve la impresión de que me observaban. 

Día Quinto. Primera Semana.

Empiezo a plantearme qué será de mi vida. Estoy solo, flotando a millones de kilómetros de casa, atado a una nave espacial, sin rumbo entre las estrellas distantes. No puedo regresar a Plutón, ni cambiar el rumbo de la travesía, ni siquiera tomar un Trek de salvamento para abandonar este montón de chatarra. Siento como el peso del futuro se desploma sobre mi espalda, arrancándome la cordura, llevándome al límite de la desesperación. Las horas pasan, interminables, a cámara lenta, consumiendo mis esperanzas de volver a la Tierra. He recorrido todos los rincones de la nave, conozco sus salones, camarotes, cuartos y habitáculos como si formaran parte de mi fisonomía. Mi mente comienza a pensar de manera extraña, escapa de mi autocontrol; la idea de suicidarme viene una y otra vez. Sacudo la cabeza e intento olvidar mis lúgubres pensamientos, no son propios de un oficial de mi categoría; me avergüenza pensar de esta forma. Me detengo delante de las cápsulas de criosueño y contemplo a mis camaradas lleno de amargura, vencido por un sentimiento de envidia que no puedo controlar. ¿Por qué ha tenido que sucederme esto a mí? Cierro los ojos y me muerdo los labios hasta que brota la sangre: deseo exterminarlos a todos.

Día Sexto. Primera Semana.

Anoche, derrotado por el peso de los tranquilizantes, supe que no sobreviviré a este viaje. Saber que estoy condenado de antemano no me tranquiliza: siempre he amado la vida y sus experiencias sobre todas las cosas; este derrotismo me está volviendo loco. Llevo toda la jornada dentro de mi camarote, con las luces apagadas, tumbado sobre el colchón de poliuretano, incapaz de conciliar un sueño natural. Por la mañana elegí una película, un clásico del Siglo XX titulado Apocalypse Now, pero después de treinta minutos de visionado apagué la pantalla: fui incapaz de resistir las imágenes que veían mis ojos; tanta belleza hería mi alma. Ahora, en la soledad de mi entorno, experimento cómo el vacío del espacio exterior nutre cada partícula de mi anatomía, destroza mi psique con sus bordes inmateriales, quema mi espíritu sin remisión. Aferro los bordes de las sábanas: lágrimas me humedecen el rostro y descienden por las mejillas. Recuerdo a mi mujer, a mis hijos, los campos de césped artificial de Central Park, los rascacielos interminables de Manhattan, los días de Acción de Gracias con mis padres y hermanos, las calles de Nueva York. Los lienzos del pasado no me aportan consuelo alguno; liberan los remordimientos que he atesorado desde que despegué de Plutón y surqué el cosmos en busca de un nuevo amanecer.

Día Séptimo. Primera Semana.                   

Han transcurrido siete días desde que desperté. Ha sido la peor semana de mi vida, no me cabe ninguna duda al respecto; nunca había tocado fondo de una manera tan patética. En la puerta del comedor, los escasos muebles destellan como espejos: mesa rectangular de titanio, sillas de poliestireno, anaqueles de acero anodizado, equipos de refrigeración transparentes y expendedoras de alientos Hitachi, encuadrados por los tabiques curvos de la estancia. La nave esta diseñada para siete u ocho tripulantes, ideal para los desplazamientos interplanetarios; su estilizada figura es invisible a cualquier radar. Las aristas cromadas del comedor dañan mis pupilas dilatadas, el efecto secundario de los tranquilizantes comienza a manifestarse. Estuve tentado de comer algo, pero de inmediato cambié de opinión, las pastillas me habían arruinado el apetito. Intento dirigirme al disco selector, comportarme como hubiese hecho en el pasado, pero fracaso estrepitosamente. Apenas actúo como un ser humano, el aislamiento me ha arrebatado aquella necesidad biológica, guardo más cosas en común con la Inteligencia Artificial, que con los de mi propia raza. Me derrumbo sobre mis rodillas y lloro como un niño: es la primera vez que lo hago desde mi divorcio.

Día Octavo. Segunda Semana.

Tengo pesadillas constantes, sé que algo, o alguien, vigila mis movimientos a todas horas. Al principio pensé que era una tontería, que la soledad y los tranquilizantes conjuraban en mi contra… Me equivocaba, mi sexto sentido de soldado jamás me ha fallado hasta la fecha: una presencia intangible camina detrás de mí y desaparece antes de que me dé la vuelta. Examino la cabina de vuelo desde el umbral de la puerta. La cámara hexagonal brilla: luces parpadeantes, hileras de controles, pantallas llenas de dígitos japoneses, mapas de navegación de tres dimensiones, sofisticados radares de fabricación oriental. Los pozos de ventilación emiten un zumbido perenne. Reciclan el oxígeno en un flujo constante que me permite respirar la atmósfera viciada por el exceso de ozono. El aséptico entorno me recordó las oficinas de la NASA; una sensación de rechazo inunda mi interior, odio los lugares deshumanizados. Tardo en adaptarme al sistema de gravitación, el tiempo de criosueño ha mermado mi capacidad motriz. Me arden las mejillas. Tenía que haberme esmerado con el afeitado, pero prefería preocuparme por cosas más importantes. Descubrir a mi adversario es mi máxima prioridad. 

Día Noveno. Segunda Semana.

Tengo tanto miedo… Pavor, pánico, terror, espanto, mientras acaricio la culata de la pistola, recorriendo cada línea con mis manos temblorosas. Tantos años esperando aquella misión, tantos años luchando en vano, tantos años fracasando, tantos años sin respuestas, tantos años sin olvidar mis objetivos... Lo he perdido todo, nunca hice nada bien, mi vida es una broma, una comedia bufa, por ello debo matarme, de lo contrario, no me lo perdonaría jamás, no merezco otra cosa sino una bala entre las cejas. Los reflejos del arma rebotan contra las paredes azules, ominosamente, desgranando las horas que me restan. Mi tiempo se agota, cada vez me queda menos, los capítulos se suceden rápidamente, página por página, manchando mis manos de sangre. ¡El horror!, pienso. ¡El horror! Esa fue la respuesta del coronel Kurzt, el horror a continuar vivo, el horror a su locura, el horror a sus pecados, el horror a su propia grandeza ¡Tengo tanto miedo! Nadie me ayudará, ni me hará cambiar de idea, ni me dará unas frases de aliento o quizá de perdón. La nave continúa adelante y a penas logro esbozar un pensamiento coherente. Una sombra pasa por delante de la puerta y se desvanece en los pasillos adyacentes. Mi enemigo no tardará en mostrar sus cartas.   

Día Décimo. Segunda Semana.

Desde la ventana de mi camarote, las luces de neón parecen una película de escarcha, arremolinándose como una tormenta holográfica, píxel tras píxel, encima de mis retinas vidriosas. Me siento intranquilo, un interrogante sin forma humana corroe mis entrañas, haciéndome olvidar el sueño. ¿Qué me pasa? ¿Vuelvo a las andadas otra vez? ¿Tan difícil es sentirme tranquilo? Un relámpago blanquecino rompe el universo, rasgando las tinieblas veteadas de estática, y me hace estremecer de la cabeza a los pies. Tengo miedo, pavor a los años vacíos que se acercan, no quiero terminar aquí, pudriéndome en vida. El aislamiento me traspasa, hiere las fibras más recónditas de mi interior, haciéndome plantearme el futuro, haciéndome odiar el presente, haciéndome añorar el pasado. Pienso en acabar con mis compañeros otra vez. No puedo hacerlo, he de reprimir mis instintos asesinos, debo velar por la seguridad de todos ellos, es lo mínimo que se merecen. Vuelvo a plantearme el suicidio, tenazmente, meditando la manera adecuada de hacerlo, sin sufrir ningún tipo de duda. Un tubo de somníferos estaría bien, sería una muerte rápida, natural, no me enteraría de nada, sólo accedería al vacío, a la negrura que llena mis pasos: me libraría de los remordimientos que me han arrebatado el alma. Me pregunto qué estarás haciendo, cómo te sentirás, si habrás encontrado la felicidad que buscabas, cómo estarán los niños, si aún me recuerdas... Aislado, aislado, aislado, aislado, aislado, aislado, aislado, aislado, aislado... Inspiro aire profundamente, luchando por vislumbrar las estrellas ocultas detrás del cordón de pesadas nebulosas. Sonrío, al borde del caos, aplasto mis preguntas contra el cristal empañado y cierro los ojos llenos de miseria: siento haberte dado la espalda cuando más me necesitabas.

Día Decimoprimero. Segunda Semana.

He pasado toda la noche en vela, atento como un depredador, mirando por la ventana de mi camarote. No podía dormir: estuve dos horas dando vueltas en la cama, retorciéndome, desordenando las sábanas empapadas de sudor, a punto de enloquecer. Finalmente, decidí levantarme, no me apetecía leer, no me apetecía escuchar música, no me apetecía escribir. Una sensación de vacío, de futilidad, de hastío total se instaló en mi interior, clavando sus garras en mi esternón, como un parásito insidioso, arrebatándome el escaso calor que albergaba en mi corazón. Me encontraba en un limbo aterrador, flotando a la deriva, sin ningún atisbo de humanidad donde aferrarme, perdido entre las estrellas lejanas. Cien mil millones de kilómetros, distancias interminables, años luz imposibles, recreándome en la nada, sumido en la entropía, flotando en un caleidoscopio infernal. Jamás me había sentido así antes, tan desesperanzado, tan insensible, tan muerto interiormente. Parecía una máquina, sin emociones, que se planteaba el porqué de su insensibilidad, buscando un instante de paz. Intenté llorar, provocarme alguna emoción, salir del pozo donde me ahogaba, sin éxito. Me limité a mantenerme a flote, hice un análisis de los últimos años, rememoré muchas cosas que creía que estaban enterradas, saqué a la luz los huesos marchitos que reposaban en mi tumba, sin encontrar una solución satisfactoria. Primero pasó mi infancia, sin grandes remordimientos ni pesares; más tarde mi adolescencia, una etapa que ha perdido todo su esplendor; luego mi madurez, el momento en que conocí a mi ex mujer, antes de desistir en mi empeño: vivir de mis cenizas no me conducirá a ninguna parte. Llego a las mismas conclusiones de siempre: no he conseguido nada, incluso el tiempo transcurrió más lentamente, mientras mi memoria regresaba atrás, cristalizando las reminiscencias de las que me avergüenzo. Mi existencia es una carga exasperante, una pérdida de tiempo, un sin sentido absoluto. ¿Por qué tuve que nacer? ¿Por qué no puedo aceptarme? ¿Por qué no termino con todo de una vez? Me gustaría imaginar que me restan esperanzas, pensar que en algún lugar, cuando termine la travesía, existe un futuro para mí, que alguien está esperándome para sacarme del abismo. Anoche, mi enemigo me rozó el rostro mientras me adormecía: el bastardo cada día se siente más seguro de sí mismo. Quiero un hacha para romper el hielo. 

Día Decimosegundo. Segunda Semana.

He recorrido la nave de un extremo a otro, fuertemente armado, buscando a mi adversario, con la intención de matarlo o perecer en el intento. Después de cinco horas, desistí en mi empeño. Sabe esconderse bastante bien, pero no podrá conmigo; tarde o temprano saldrá a la luz, y estaré esperándolo. Al llegar al camarote principal, compruebo que las cápsulas de criosueño han sido desconectadas; todos mis compañeros han muerto. Llorando, acaricio los bordes de gomaespuma y acero, mientras contemplo, impotente, los rostros inertes, veteados de escarcha, que reposan detrás de los cristales empañados. Una furia demencial me obliga a gritar como un poseso, destruyo todo lo que está a mi alcance con las manos desnudas, al borde de la desesperación. Entonces lo comprendo, llegó a la conclusión evidente: mi enemigo ha sido el causante de este desastre. Aniquiló los circuitos de la nave, me acosó durante días, exterminó a mis camaradas indefensos… Mi estado depresivo se desvanece, reemplazado por la sed de sangre. Quedan muchas cuentas por saldar: aún queda un hombre que pueda plantarle cara. Vuelvo a recorrer la nave, con los nervios en tensión, espoleado por una fiebre asesina que escapa de mi control. Cada vez que doblo un pasillo, que penetro en una habitación, que abandono una sala, o recorro un túnel presurizado, tengo la impresión que sigue detrás de mí. Su sombra me persigue, burlonamente, esquiva mis ojos inquisitivos y acechantes; cree que es mucho más listo que yo. Si algún día alguien llega a leer esto, si este diario cae en manos de algún explorador, soldado o piloto espacial, puedo asegurarle una cosa: no moriré solo.

Día Decimotercero. Segunda Semana.   

Lo he visto por primera vez. He conseguido localizar su escondite. Mi enemigo se oculta entre las sombras: el cuarto de máquinas es su guarida, se siente a salvo entre el rugido de los motores y los conductos de ventilación. Apenas tiene forma humana, es poco más que una mancha de negrura, no posee ojos, ni manos, ni boca; nada que me sirva como referencia. Es similar a una mancha de tinta, tenebroso y malévolo, idéntico a la propia negrura; despide una maldad que se pierde en los albores de los tiempos. Mi dedo se inclinó sobre el gatillo. Intenté dispararle, meterle un proyectil de nitrógeno en el cuerpo, pero fui incapaz de hacerlo; una extraña sensación de afinidad me lo impidió. Sobrecogido, volví a la Sala de Estudios sin molestarme en mirar atrás, maldiciendo mi propia cobardía. ¿Qué demonios era aquello? Mientras lo enfocaba con el rifle de plasma, cuando el teleobjetivo infrarrojo se posó sobre su figura, no se molestó en desaparecer en las tinieblas, menos aún en ocultarse de mi presencia. Temo que tenga demasiado poder sobre mi persona, conoce todas mis debilidades y aspiraciones, somos hermanos de sangre recluidos en un espacio común. La nave decidirá quién será su último pasajero.

Día Decimocuarto. Segunda Semana.

Espero a mi adversario junto a mis compañeros fallecidos. No pienso volver a buscarlo, tendrá que venir a por mí, desafío, es hora de que decidamos quien de los dos es más fuerte. Me encuentro lúcido, liberado de mis miedos, una impresión de tranquilidad recorre mis músculos doloridos y mi mente agitada: estoy preparado para recibirlo. En rededor, la atmósfera se vuelve más pesada, un frío glacial invade la estancia, ralentiza mis movimientos y acciones. Los dados están echados y no puedo dar marcha atrás. Nuestra lucha se ha convertido en algo personal e intransferible a terceros. Comprendo porqué tuvo que aniquilar al resto de los tripulantes: nadie debe ser testigo de lo que sucederá en pocos minutos. Hemos tardado catorce días en llegar a este punto muerto, cada uno conoce las intenciones del otro, no es necesario que alarguemos el momento, ambos estamos preparados para el último acto. Entonces aparece: toma sustancia propia al final del corredor y avanza lentamente hacia mi posición. Su masa informe oculta las cápsulas criogénicas con su sombra y llega hasta mi silueta. Retrocedo hacia atrás, débil e insignificante, domado por su poder. El arma tiembla en mis manos, resbala de mis dedos, rebota contra las planchas de acero corrugado, emitiendo un sonido seco. Mi enemigo crece conforme se aproxima, las tinieblas ocultan las paredes inclinadas y nublan mi campo visual. Aparto el temor y le planto cara: prefiero morir antes de mostrarle mis emociones. La negrura invade mi entorno, se apodera de mi anatomía y mece mis miembros con sus tenebrosos pliegues. Una sensación de frío, de soledad y vacío estelar, de galaxias lejanas y civilizaciones distantes, de cúmulos nebulosos y soles ardientes, me arrebata la cordura. Jamás imaginé que el cosmos pudiera albergar tanto dolor. Flotando, demasiado cerca del olvido, demasiado lejos de mi naturaleza, obtengo la última revelación. Todos estos días, durante horas y páginas en blanco, había estado combatiendo contra mí mismo. Mi adversario, tal como lo he denominado, era mi propia personalidad. Mi lado oscuro, las peores facetas de mi ser habían cobrado sustancia propia, conforme la nave me trasladaba a Orión, aumentando de poder y consistencia, a la vez que me hundía en la desilusión. Intento gritar, escapar de mi destino, patalear y defenderme, pero las sombras son demasiado fuertes. Cierro los párpados y me reconcilio con el destino que me aguarda. El fin había llegado…




viernes, 30 de junio de 2017

"PORNO" DE IRVINE WELSH

Miro su rostro socarrón, recobro la compostura y pienso en la extraña relación que hemos mantenido, no menos misteriosa por haber estado separados durante años. Supongo que él era un poco como yo: ambos sabíamos que para los inquilinos de viviendas de protección oficial la decadencia es una costumbre de mala nota. Una costumbre ridícula, de hecho. La razón de ser de nuestra clase era sobrevivir, sin más. Al carajo: nuestra generación punk no sólo prosperó, sino que incluso tuvimos la desfachatez de ir de desencantados por la vida. Desde una temprana edad, Sick Boy y yo fuimos almas gemelas retorcidas. El desprecio, las burlas, la ironía, los vaciles; habíamos edificado nuestro pequeño universo privado mucho antes de que aparecieran el alcohol o las drogas para ayudarnos a refinarlo y darnos permiso para habitarlo incondicionalmente.

Irvine Welsh

Una década después de los acontecimientos narrados en Trainspotting, volvemos a encontrarnos con los personajes que marcaron a una generación: Simon David Williamson, Daniel Murphy, Francis Bebgie y Mark Renton. Marginales, políticamente incorrectos y de escasos escrúpulos, poco han cambiado en este lapso de tiempo. La narración, sin florituras y de gran viveza lingüística, nos sumerge de lleno en una decadente Edimburgo devastada por los cambios: los viejos tiempos nunca regresarán y la sociedad corrupta que antes que recurría a los narcóticos para escapar del tedio, la pobreza y la desesperación, ahora se encuentra obsesionada con el sexo, el dinero, el consumismo y la trivialidad absoluta. Leith, barrio en el que creció la clase obrera aplastada por la política represora de Margaret Thatcher, con el paso del tiempo, ha sido transformado en una zona pija para los adinerados.

Sick Boy es el narrador principal: un antihéroe adicto a la cocaína, arrabalero, egocéntrico, sórdido, manipulador y con delirios de grandeza. Decidido a ganarse la vida sin demasiado esfuerzo realiza toda clase de chanchullos: venta de drogas, prostitución, fraudes y, por último, embarcarse en el rodaje de una película porno que, por un lado le permita mezclar el trabajo con el placer y por otro, alcanzar la gloria económica y el prestigio social que anda buscando. Como es natural, Williamson desea una obra de calidad que se convierta en un clásico del género, no una aberración gonzo de ínfimo presupuesto. Huelga decir que hará todo lo necesario para sacar adelante su nuevo y ambicioso proyecto: Siete polvos para siete hermanos.  

Aparte del protagonista, viejos conocidos como Spud: ingenuo choricillo con un corazón de oro incapaz de abandonar el caballo y rehacer su vida; Franco: recién salido de la cárcel, tan psicópata como de costumbre, perpetuamente irascible y dispuesto a utilizar la violencia física ante la menor excusa y un Rent Boy limpio de estupefacientes que se siente culpable por haber traicionado a sus antiguos colegas, parece ser el único que se ha reconciliado, hasta cierto punto, con el tormentoso pasado que todos compartieron. Cabe destacar la inclusión de Terry “Juice” Lawson y Rab Birrel, personajes de Cola, —ambos tienen un papel fundamental en el libro presente, creando un todo sin costuras enmarcado en el “Universo Trainspotting” en el que transcurre el noventa por ciento de la producción del autor. 

La profusión de voces de Trainspotting ha quedado reducida al mínimo, aportando mayor agilidad y coherencia a la narración. Se agradece que Welsh no haya fotocopiado su libro más célebre y aporte una historia completamente distinta a la anterior. Puede que Nikki Fuller-Smith una bella estudiante de cine que trabaja en una sauna para ganar un dinero extra a la asignación paternalsea el personaje más logrado (junto a Sick Boy) de la novela. Junto a la pérdida de frescura, el gran error de Porno es reducir el protagonismo de Renton a un mero secundario. Los capítulos del personaje (en especial la parte de Ámsterdam) carecen de la garra de antaño y parecen escritos a toda prisa y sin profundizar en sus motivaciones. Por fortuna, en Los Chicos del jaco (precuela de Trainspotting) Rent Boy volvería a primera división para recobrar la importancia que merece.

Reflexiones sobre el paso del tiempo, el precio que hay que pagar por los errores cometidos, las amistades rotas y la madurez de unos personajes que no han logrado tomar las riendas del presente son los temas más importantes de la obra. Porno es un libro notable que tiene que competir con su predecesor. A diferencia de Trainspotting, la denuncia social ha sido reemplazada por una negra, cruda, visceral y humorística visión de la industria cinematográfica para adultos; la misma que influye en el presente y que gracias a la presencia de Internet pocos pueden ignorar. 

Al igual que la primera parte, la novela fue llevada al cine por Danny Boyle como una especie de homenaje a la película estrenada en los noventa. Una tardía secuela inferior a la original apenas toma prestados unos ligeros esbozos del libro que hace demasiado hincapié en la nostalgia. Lejos han quedado las memorables imágenes de 1996: la carrera al ritmo de "Lust For Life" de Iggy Pop, el “peor retrete de Escocia”, la sobredosis con "Perfect Day" de Lou Reed de fondo, el bebé gateando por el techo y "Born Slippy" de Underworld mientras Renton se despide de los espectadores decidido a empezar de cero. Vivir del pasado nunca fue una buena opción. 


miércoles, 21 de junio de 2017

BLOC PARTY "HYMNS"



Lejos han quedado los tiempos en los que Bloc Party eran considerados los nuevos salvadores del rock, sus álbumes recibían multitud de premios y grandes elogios por parte de la prensa especializada. Al igual que sucedió con Interpol, The Killers, Editors o The Strokes, cada nuevo paso musical de la formación ha sido defenestrada por la crítica y puesta en entredicho hasta por sus propios seguidores. Ello demuestra lo voluble del mercado discográfico cuando una banda triunfa en su debut: las comparaciones con un pasado glorioso siempre lastrarán su carrera independientemente de la calidad de sus nuevos lanzamientos.

A diferencia de sus anteriores discos, Hymns destaca por ser un trabajo sereno y espiritual en el que impera la electrónica, medios tiempos y baladas. El primer single, la jovial “The Love Within”, con su ritmo bailable y omnipresente línea de guitarra que suena como un sintetizador, proporcionó una pista falsa sobre el contenido del elepé. Lo mismo sucedió con “The Good News” —recia y guitarrera— y “Virtue” —al estilo del primer sencillo con un bajo desaprovechado—, que tampoco consiguieron despuntar en las listas de ventas.

Las nuevas incorporaciones —Justin Harris (bajo, teclados) y Louise Bartle (batería)—, más que miembros oficiales, parecen músicos de estudio supeditados a las órdenes de Kele Okereke que, al igual de Thom Yorke de Radiohead, ha convertido al grupo en una extensión de su trabajo en solitario. Aparte de los tres sencillos, podemos encontrar buenos temas como “Only He Can Heal Me”, “So Real” (con un discreto piano eléctrico), “Different Drugs”, “Into The Earth” y “My True Name” que, de haber sido más potentes al estilo de Silent Alarm (Wichita, 2005), habrían ganado en emoción. Por otra parte, “Fortress”, “Exes” y “Living Lux”, debido a la tranquilidad general que domina el disco, llegan a resultar soporíferas.

La calidad de sonora del álbum es indiscutible, con profusión de arreglos sencillos y cuidados que demuestran la pericia de la banda como músicos. El problema de Hymns, aparte de su carencia de energía, es que Okerele ha decidido sacrificar la inmediatez a favor del lucimiento personal. Puede que por ello los miembros fundadores —Matt Tong y Gordon Moakes— decidieran arrojar la toalla después de The Nextwave Sessions (Frenchkiss Records, 2013).

¿Es Hymns un mal disco? En absoluto. Simplemente nos encontramos con una banda en estado de transición que ha decidido ignorar las etiquetas y hacer lo que les apetecía sin tener en cuenta las críticas. Un trabajo coherente, arriesgado y contemplativo que, por desgracia, no ha estado a la altura de lo que se esperaba de ellos. Bloc Party necesitan un álbum que los reconcilie con su público, la prensa y los charts para asegurar su propia supervivencia. Veremos que nos depara el futuro.


    
                                                                                                                                   

jueves, 1 de junio de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) PRIMERA PARTE


«Sabe, oh príncipe, que entre los años del hundimiento de Atlantis y las resplandecientes ciudades bajo los océanos, y los de la aparición de los hijos de Aryas, hubo una edad olvidada en la que el mundo estaba cubierto de brillantes reinos como mantos azules bajo las estrellas. (...) Pero el más orgulloso reino del mundo era Aquilonia, que reinaba soberana sobre el soñoliento oeste. Y allí llegó Conan, el cimmerio, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, para pisotear con sus sandalias los tronos enjoyados de la Tierra.»

Crónicas Nemedias


INTRODUCCIÓN:

A principios del siglo XX, durante la era dorada del pulp, Weird Tales sobresalía entre otras publicaciones del mismo estilo por su vanguardismo y búsqueda de nuevos talentos. La revista afincada en Chicago publicaba a los mejores escritores de la época: Kafka, Verne, Poe, Lovecraft, C.L. Moore, Aston Smith o Seabury Quinn.

Entre sus páginas, en el número de diciembre de 1932, se encontraba un relato titulado El fénix en la espada, debut de Conan de Cimmeria, un nuevo personaje del texano Robert E. Howard, colaborador habitual conocido por sus historias del espadachín Solomon Kane, el caudillo Bran Mak Morn y el rey Kull de Valusia.

Nadie podía imaginar la repercusión que tendría el cimmerio en la fantasía moderna. Este se convertiría en un icono popular, conocido a nivel mundial, aplastando con su fama a su creador. La imagen arquetípica del héroe un bárbaro fuerte y musculoso, empuñando un arma de grandes proporciones, que lucha contra horrendas criaturas mientras protege a una mujer semidesnuda— ha sido fácil de reconocer durante el último medio siglo. No sería atrevido afirmar que la mayoría del público ignora que Conan nació como personaje literario al igual que James Bond, Tarzán, Sherlock Holmes o Drácula.

A diferencia de los personajes anteriormente mencionados, el cimmerio fue presentado al público de forma errónea. L. Sprague de Camp y Lin Carter fueron los responsables del ciclo de doce novelas de Conan (publicadas en España en tres ediciones distintas por Editorial Bruguera, años 70, Planeta, años 80, y Martinez Roca, años 90). La saga fue remodelada (nunca tuvo un orden cronológico) a conveniencia de los editores, intercalando historias de menor calidad (obra de otros escritores), pastiches (cuentos de Howard adaptados al universo hiborio) y colaboraciones póstumas (historias del texano completadas por otros autores). La obra de Howard quedó desvirtuada, tanto en calidad como en el concepto original que el propio autor explicó en una de sus cartas: «Mientras escribía estas historias, siempre me he sentido como si las estuviera poniendo por escrito mientras él me las contaba, no como si yo las estuviera creando. De ahí la abundancia de saltos temporales y de ahí que no sigan un orden concreto. Un aventurero que relatase al azar las aventuras de su vida no seguiría un plan ordenado, sino que narraría episodios de su vida muy separados entre sí, tanto en el tiempo como en el espacio, a medida que se le fueran ocurriendo».

El cimmerio fue una creación demasiado personal del autor, en él desarrolló todo su talento literario; puede que por ello ninguno de los escritores que intentaron imitarlo (Poul Anderson, Lin Carter, L. Sprague de Camp, Robert Jordan, Karl Edward Wagner y un interminable etc.) pudieron hacerle sombra. Durante décadas, el lector no tuvo modo alguno de separar el trigo de la paja. Afortunadamente, en esta lujosa edición publicada por Timun Mas se encuentran los relatos genuinos, en el orden que fueron escritos, sin fraudes ni manipulaciones ajenas.  

En aquella época la única forma en la que los autores principiantes podían ganarse la vida era a través de revistas pulp. Howard narraba impulsado por motivos económicos. Se consideraba un escritor profesional y siempre tuvo en cuenta las necesidades del mercado. Originalmente, El fénix en la espada fue una reescritura de un relato inédito de Kull, ¡Con esta hacha gobierno! Fransworth Wright, editor de Weird Tales, había rechazado la mayoría de los relatos del atlante (Howard cometió el error de enviarlos todos juntos en 1929) y publicó El reino de las sombras y Los espejos de Tuzun Thune (puede que dos de las mejores historias del texano). Howard suprimió la parte romántica de la historia, reemplazándola por elementos sobrenaturales, y eliminó la presentación de los conspiradores que aparecía en el primer capítulo para agilizar la trama. Los cambios funcionaron y el relato fue vendido por 85 dólares. Por desgracia, no obtuvo la portada de aquel mes. Fue un cuento más entre otros que han pasado al olvido absoluto. Parafraseando al maestro: «La barbarie es el estado natural de la humanidad. La civilización, en cambio, es artificial, es un capricho de los tiempos. La barbarie ha de triunfar siempre al final».

Howard fue un novelista increíblemente versátil que escribió sobre géneros y temas dispares: poesía, aventuras orientales, cruzadas, históricos, piratas, deportivos, misterio, westerns, detectives y terror (influenciado por su amigo Lovecraft). Todo ello aparece plasmado en las historias de Conan. La creación del personaje absorbió al texano de tal modo que durante meses de frenética actividad literaria fue incapaz de escribir sobre otra cosa. Durante su corta vida (1932-1936) el cimmerio fue rey, ladrón, pirata, mercenario, general, explorador, etcétera. Vivió toda clase de aventuras en un explosivo ritual de fuego, dinamismo, virilidad, sudor, acero, sombría epicidad y magia. Modelo que, posteriormente, la mayoría de los escritores de espada y brujería tomarían como arquetipo. Howard siempre estuvo demasiado adelantado a su tiempo. Recordemos que fue uno de los fundadores (por no decir padre) de la fantasía heroica.   

EL FÉNIX EN LA ESPADA (WEIRD TALES, DICIEMBRE DE 1932)

Conan apoyó la espada contra la pared y levantó el hacha. Estaba de pie, como la imagen del primitivo indomable —las piernas separadas, la cabeza echada hacia adelante, una mano apoyada en la pared, la otra aferrando el hacha, con los enormes músculos en tensión, como cuerdas de hierro, y el rostro congelado en una furiosa mueca, y los ojos le centelleaban a través de la nube de sangre que estaba velándolos (...)
¿Quién ha de morir primero? musitó con la boca herida y los labios cubiertos de sangre.

El primer cuento de Conan, ampliamente influenciado por la mitología de Thomas Bulfinch (1796-1867), narra el intento de asesinato de unos conspiradores contra el cimmerio. Conan se nos presenta como un hombre maduro y experimentado, con fuertes principios, que ha vivido una vida plena llena de aventuras. Como soberano de Aquilonia, se encuentra aburrido de sus deberes y extraña los tiempos salvajes de su juventud, antes de que la corona se convirtiera en una carga

El fénix en la espada es uno de los mejores relatos escritos por Howard. Destila todos sus puntos fuertes: magia, emoción, sangre y violencia. El texano nos presenta una intriga palaciega destinada a aniquilar al cimmerio, un brujo (Thoth-Amon) ávido de venganza, una serie de conspiradores impulsados por la avaricia, el idealismo y el ansia de poder, y apariciones espectrales. La historia alcanza su cénit en las últimas páginas, cuando Conan se enfrenta en inferioridad de condiciones a un grupo de enemigos dispuestos a matarle. El combate en los aposentos del rey es una locura de cuerpos en movimiento, entrechocar de espadas, gritos de agonía, huesos rotos y entrañas esparcidas sobre azulejos de mármol.       

El cimmerio, en un alarde de supervivencia, se despoja de la máscara de hombre civilizado y da rienda suelta a sus instintos primitivos. A pesar de la aplastante superioridad numérica, no se rinde en ningún momento. Su único deseo es llevarse por delante al mayor número de rivales posibles antes de morir. El final del cuento queda abierto al misterio de lo sobrenatural.      

LA HIJA DEL GIGANTE HELADO (ROGUES IN THE HOUSE, DONALD M. GRANT, 1976)

El contacto de su hermoso cuerpo que se retorcía entre sus brazos le llevó al borde de la locura. Los fuertes dedos de Conan se hundieron con frenesí en la suave y blanda carne..., una carne fría como el hielo. Era como si estuviera abrazando un cuerpo de hielo en lugar del cuerpo de una mujer de carne y hueso. Ella echó a un lado su dorada cabellera, tratando de esquivar los violentos besos del bárbaro, que lastimaban sus labios rojos y carnosos.
Eres fría como la nieve dijo él como atontado. Yo te calentaré con el fuego de mi sangre...

Aunque parezca increíble, La hija del gigante helado fue rechazado por Fransworth Wright. Lejos de desanimarse, Howard cambió el nombre del protagonista (Amra) y lo vendió con el título de Dioses del norte a Fantasy Fan. A pesar de ser una de las más bellas y poéticas historias del personaje, no agradó al dueño de Weird Tales, probablemente por su contenido sexual. El relato (también inspirado en  Bulfinch) nos presenta a un joven cimmerio en mitad de un campo de batalla, rodeado de cadáveres y con la espada manchada de sangre. La aparición de una hermosa joven vestida con un velo transparente enloquece de lujuria a Conan que, a pesar del agotamiento y las heridas, no duda en seguirla a través del páramo con la intención de violarla.

Volvemos a encontrarnos con un personaje vehemente e indómito que obra inducido por su lado salvaje. La persecución entre la nieve es uno de los mejores momentos de la saga, con un cimmerio lanzando espumarajos de rabia y maldiciones mientras se aproxima al objeto de su deseo. La muchacha, provocativa, no cesa de burlarse de él mientras lo conduce a un destino incierto. Finalmente, su vitalidad y la destreza en el combate harán que Conan logre triunfar donde otros fracasarían. La hija del gigante helado (con toda justicia) merece estar entre los mejores cuentos del texano. Poco valorado en su momento, gracias a la estupenda adaptación al cómic dibujada por Barry Windsor-Smith y guionizada por Roy Thomas ha pasado a considerarse un clásico.

Howard había descubierto que la nueva saga tenía un potencial sin límites. A lo largo de los siguientes meses su trabajo cristalizaría en La Edad Hiboria, el mundo fantástico inspirado en las civilizaciones antiguas que lo llevaría a la fama. 



lunes, 15 de mayo de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) SEGUNDA PARTE


Nada de lo que se dice en este artículo debe considerarse como un intento de establecer una teoría que se oponga a la historia por todos aceptada. Cuando comencé a escribir las historias de Conan hace algunos años, escribí esta «historia» de su época y de los pueblos que vivían entonces, afín de darle a él y a sus aventuras legendarias mayor realismo. Y, mientras escribía los relatos, me di cuenta de que si me atenía a los «hechos» y al espíritu de esa historia, me resultaba más fácil imaginar (y, por tanto, describir) a Conan como personaje real, de carne y hueso, que como una creación ficticia. Al escribir sobre él y sobre sus aventuras en los distintos reinos de la época, nunca he pasado por encima de los «hechos» ni del espíritu de la «historia» que aquí se relatan, sino que he seguido la trama de esa historia tan fielmente como lo hubiera hecho el escritor de novelas históricas que hace referencia a la verdadera historia. He usado esta «historia» como guía para los relatos que he escrito de esta serie.

Robert E. Howard


Inspirado, Howard escribía a tal velocidad que el universo de Conan empezaba a escapar de su control. Necesitaba encuadrar su mundo en un contexto manejable que le permitiera desarrollar los relatos que se perfilaban en su imaginación de forma fidedigna, geográfica y temporal. El primer paso fue La Edad Hiboria; un coherente ensayo de ocho mil palabras en el que sintetizaba el nacimiento de la nueva serie que no paraba de crecer. Narrar relatos históricos siempre le había llevado demasiado tiempo y dinero, por ello el texano se basó en los pueblos antiguos de la humanidad. Tenía un amplio margen para desarrollar sus cuentos sin miedo a imprecisiones históricas y, lo más importante, los lectores no lo tendrían difícil para reconocer las razas, naciones y civilizaciones mencionadas. No olvidemos que en aquella época los mundos fantásticos no existían; la gente no estaba familiarizada con ellos tal como sucedería décadas más tarde. Metódico, Howard dibujó mapas y escribió las Notas sobre los pueblos de de la Edad Hiboria para utilizarlos en un futuro próximo. Este nunca dejó nada al azar: se tomaba su trabajo de forma ordenada, eficiente y profesional.   

Los pasajes de La Edad Hiboria son claros, verosímiles y memorables. Pocos escritores de fantasía han definido un universo rico, extenso y variado con tanta naturalidad sin artificios. Howard, en un alarde de inventiva, decidió integrar los cuentos de Kull de Atlantis, Solomon Kane, Bran Mak Morn e incluso (siendo un personaje moderno) James Allison bajo el mismo techo. Su obra había pasado a un nivel superior. En La Edad Hiboria asistimos a grandes terremotos, barbarie, guerras tribales, esclavitud, migraciones constantes, pastoreo, civilizaciones extraordinarias y por último el inevitable cataclismo que formará el mundo actual.

En ese momento los lemurios entran nuevamente en la historia, esta vez como hirkanios. A lo largo de los siglos han presionado continuamente hacia el oeste, y ahora una de sus tribus bordea el extremo sur del gran mar interior Vilayet y funda el reino de Turan en la orilla sudoeste. Entre el mar interior y las fronteras orientales de los reinos nativos se extienden vastas estepas, mientras que en el extremo norte y sur abundan los desiertos. Los habitantes de origen no-hirkanio de estos territorios están disspersos y se dedican al pastoreo; se trata de tribus desconocidas en el norte y de shemitas en el sur, aborígenes con algo de sangre hibórea procedente de los conquistadores nómadas. Al terminar este período, otros clanes hirkanios presionan hacia el oeste, en torno al extremo norte del mar interior, y chocan con las tropas orientales de los hiperbóreos.  

EL DIOS DEL CUENCO (THE TOWER OF THE ELEPHANT, DONALD M. GRANT, 1975)

¿A qué vienen tantas preguntas y especulaciones? terció el fornido prefecto. Este es el culpable, sin duda alguna. Llevémosle a los Tribunales; allí lo haré confesar, aunque tenga que romperle los huesos.
Demetrio miró al bárbaro y le preguntó:
¿Has entendido lo que ha dicho? ¿Tienes algo que añadir?
Que el hombre que me toque estará muy pronto saludando a sus ancestros en el infiernocontestó el cimmerio con los dientes apretados y los ojos centelleantes llenos de ira.

Después de enviar los primeros relatos de Conan (El fénix en la espada y La hija del gigante helado) a Weird Tales en mayo de 1932, Howard escribió El dios del cuenco en pocos días. Las Vidas de Plutarco le sirvieron para la ambientación (la Roma Imperial) y los nombres de los personajes (Póstumo, Enarus, Demetrio, Dionus, etc) de la historia. Un adolescente bárbaro se encuentra con una inesperada y desagradable sorpresa cuando se dispone a robar en una mansión Nemedia. Por primera (y última) vez en la saga, la trama es de intriga detectivesca. Tenemos un cadáver, guardias armados, aristócratas y un misterioso objeto traído de la lejana Estigia. Conan, como no podía ser de otro modo debido a su edad, se nos presenta como un individuo salvaje, torpe e impetuoso, dispuesto a abrir en canal a cualquiera que se atreva a ponerle la mano encima. El cimmerio poco (o nada) tiene que ver con los individuos civilizados que lo rodean; su dinamismo lo hace destacar entre brutos, pusilánimes y estúpidos. Howard critica a una sociedad corrupta capaz de condenar a un inocente con tal de tener un culpable para impartir “justicia”. El dios del cuenco es una gran historia que tardó una eternidad en ver la luz. Al igual que sucedió con La hija del gigante helado, Fransworth Wright la rechazó por considerarla demasiado experimental. Puede que por ello el autor no volviera a escribir nada parecido. Debía ganar dinero para vivir; no podía permitirse el lujo de no vender sus cuentos. Por fortuna, el tiempo le ha hecho justicia.     
   
LA TORRE DEL ELEFANTE (WEIRD TALES, MARZO DE 1933)

El cimmerio alcanzó a ver un enorme cuerpo cerca de la muralla y se sintió aliviado al comprobar que al menos era una figura humana; entonces el individuo giró rápidamente sobre sus talones y lanzó un grito de asombro que denotaba pánico, hizo ademán de dar un salto hacia adelante, con las manos extendidas, pero retrocedió al ver el brillo de la espada de Conan. Durante unos segundos llenos de tensión ninguno dijo una palabra, sino que esperaron atentos a lo que pudiera ocurrir.
Tú no eres soldado dijo finalmente el extraño en voz muy baja. Tú eres un ladrón igual que yo.
¿Y quién eres tú? preguntó el cimmerio con un susurro receloso.
Soy Taurus de Nemedia.
El joven bárbaro bajó su espada y dijo:
He oído hablar de ti. Todos te llaman el príncipe de los ladrones.

La Torre del Elefante merece estar entre lo más excelso de la producción howardiana. Nos encontramos de nuevo con un joven e inexperto cimmerio que da sus primeros pasos como ladrón. Su falta de experiencia es compensada por el valor y la osadía que lo hace tomar arriesgadas decisiones que otros hombres más veteranos no asumirían. Después de una reyerta tabernaria en el Maul, movido por la curiosidad y el deseo de obtener botín, Conan decide allanar la Torre del Elefante; una mansión custodiada por un hechicero de sórdida reputación temido en todo el país. La aventura posee calidad cinemática y está dividida en varios niveles: la cantina, el jardín, la cúspide de la torre, la mazmorra del dios elefante, los aposentos de Yara, etc.   

No puedo negar que este relato es de mis preferidos: una epopeya desbordante de acción, virilidad y fantasía. La parte en la que Yag-kosha habla de su pasado me parece sublime; imaginación en estado puro que te conduce a otras dimensiones lejos de la tierra, a planos cósmicos inexplorados por el hombre. A diferencia de los novelistas de literatura fantástica actuales, Howard siempre fue genuino; no tenía la necesidad de imitar a nadie para crear su propia obra. El final del cuento es lóbrego e imprevisto; uno de los puntos fuertes del autor.  

La historia y la épica de Bullfinch continuaban en la mente de Howard. Después de terminar dos cuentos de James Allison —Los caminantes del Vahalla y El jardín del miedo— estaba preparado para regresar al mundo hiborio. La compañía blanca y Sir Nigel de Arthur Conan Doyle se encontraban entre sus libros de cabecera. El mes de abril de 1932 iba a resultar fructífero para el texano.