miércoles, 30 de septiembre de 2015

"EL COLOSO DE MARUSI" DE HENRY MILLER


Me sentí completamente separado de Europa. Había entrado en un nuevo mundo como un hombre libre: todo se había conjuntado para que aquella experiencia fuera feliz y fructífera. ¡La Virgen, qué feliz era! Pero, por primera vez en mi vida, era feliz con la plena conciencia de serlo.

Henry Miller

En 1939, a los cuarenta y ocho años de edad, gracias a su amigo Lawrence Durrell, Henry Miller acepta tomar unas vacaciones en Grecia. Después de veinte años de empleos miserables, relaciones tormentosas, escritura, aceras rotas, penalidades, tugurios y prostíbulos de mala muerte —primero en Nueva York y después en París— el escritor no tarda en aceptar la invitación. La imagen de la costa griega, las aguas cálidas del Mediterráneo, la caricia del sol sobre su cuerpo y el chocar de la espuma sobre el casco del barco, le hacen experimentar una sensación de plenitud desconocida. ¿Sería posible que, por primera vez toda su existencia, pudiera olvidar las cicatrices del pasado? Puede que la vida, la misma a la que había decidido enfrentarse en su obra, no fuera tan sórdida como siempre había creído. Debía aprovechar aquella oportunidad: la Segunda Guerra Mundial se encontraba próxima vaticinando millones de muertos, destrucción y caos. 

Miller era un individuo desilusionado con el mundo moderno, sobre todo con la política imperialista y laminadora de Estados Unidos y por extensión, Nueva York, su ciudad natal, con la que siempre mantuvo una relación de amor/odio. Su literatura puede tacharse de todo menos de convencional; reflexiones, crítica a la sociedad, vuelos de imaginación metafísica, inquietudes espirituales, odio hacia el egoísmo humano, pasión desbordada y filosofía extrema. Al contrario de lo que puedan pensar los lectores, Miller fue un vitalista que disfrutó cada segundo de su vida con una fruición digna de elogio. La búsqueda que guió toda su carrera literaria fue la felicidad personal, amorosa, espiritual, sexual y económica.

El coloso de Marusi destaca por su canto a la naturaleza, leyendas, mitos, sueños, pobreza y la eternidad condensada en la belleza de las ruinas, estatuas y caminos cubiertos de polvo que desfilan ante los ojos del escritor durante su viaje. A diferencia de Primavera negra, Trópico de Capricornio, Trópico de Cáncer o Días tranquilos en Clichy, nos encontramos con un Henry Miller que ha encontrado la paz interior y acepta a sus semejantes con todas sus virtudes y defectos. Su mirada cínica, implacable y corrosiva ha dado paso a la visión de un hombre maduro y contemplativo; el mismo que se maravilla profundamente de su entorno, costumbres y habitantes durante su recorrido de meses a través de todo el país.  

La prosa de Miller —líquida, tumultuosa, sensual y firme— conduce al lector a través del mundo antiguo. Nuevamente, nos encontramos con un individuo libre de trabas morales, políticas, sociales y filosóficas, que lo único que anhela es aprender todo lo posible. Grecia le devuelve la esperanza que la raza humana, cuando se libere de sus ataduras, pueda encontrar la salvación. Su admiración hacia el pueblo griego no conoce límites. Lo considera valiente, amable, fiel, generoso y agradecido, cosa que no opina de sus compatriotas americanos, que tacha de falsos, absurdos e ignorantes, engañados por los tres pilares en los que se basa su modo de vida: patria, familia y religión. Cabe destacar el análisis al que somete a sus amigos (poetas, pintores, novelistas) siempre desde la calidez, la admiración y el humor. En cambio, su ojo crítico no deja intactos a los poderosos: magnates, políticos, religiosos y militares que, gracias a su ambición, estrechez de miras y mezquindad, han convertido el planeta en un lugar miserable.   

Durante un año entre largos paseos, baños en la playa, cenas en casas de amigos, hoteles y excursiones—, Miller contempla una Grecia clásica incólume al paso del tiempo por la que desfilan los dioses antiguos antes de que el Cristianismo mancillara aquellas tierras con su doctrina aniquiladora. La belleza del país, de un modo u otro, sobrevivirá a la memoria de los hombres. Nápoles, el Pireo, las ruinas de Pompeya, Corfú, Eleusis, Hidra, Epidauro, Tirinto, Micenas, Cnosos, Festos, Tebas, el Peloponeso, Corinto, Esparta… Cálido, inteligente y lleno de ternura hacia el universo, nos propone realizar un recorrido espiritual que sane nuestras almas.

Las palabras del autor después de visitar la tumba de Agamenón definen la nueva filosofía existencial que había adquirido y sirven como cierre para resumir la obra:

No quiero saber nada más de la civilización y de sus productos de almas cultivadas. Renuncié a mí mismo al entrar en esta tumba. De ahora en adelante soy un nómada, un don nadie espiritual. Podéis coger vuestro mundo fabricado y ordenarlo en los museos; yo no lo quiero, de nada me sirve. No creo que ningún ser civilizado sepa ni haya sabido nunca lo que ha tenido lugar en este recinto sagrado. Eso está más allá del conocimiento y la comprensión del hombre civilizado; él está al otro lado de esa pendiente cuya cima fue escalada mucho antes que él o sus antepasados estuvieran en el mundo. A eso llaman la tumba de Agamenón. Bien; tal vez uno llamado Agamenón descansaba aquí. ¿Y qué? ¿Voy por eso a quedarme parado, abriendo la boca como un idiota? No lo haré. Me niego  a detenerme  en ese  hecho,  demasiado  sólido.  Aquí  me  elevo,  no  como  poeta,  narrador, cuentista o mitólogo, sino como espíritu puro. Digo que el mundo entero, abriéndose en abanico en todas direcciones desde este lugar, vivía antiguamente de un modo que nadie es capaz de imaginar.





miércoles, 9 de septiembre de 2015

EDITORS: TRAYECTORIA DISCOGRÁFICA


A principios de la década del 2000, una hornada de grupos inspirados por el garaje rock de los 60, el post-punk, la new wave, el shoegazing y el noise rock, asaltaron las listas de ventas. The Strokes, The White Stripes, The Hives y Franz Ferdinand fueron los primeros en alcanzar éxito a nivel mundial, cosechando excelentes críticas y la adoración popular. Había nacido un nuevo movimiento musical —post-punk revival— que posteriormente englobaría a diferentes formaciones como The Strokes, Black Rebel Motorcycle Club, The Killers, The Bravery, Interpol, The Horrors, Bloc Party, Kasabian, White Lies, Arctic Monkeys, Editors, Arcade Fire, Death Cab For Cutie, Savages y Eagulls, entre muchas otras.

Las influencias de aquellos grupos eran evidentes: Joy Division, The Cure, Echo & The Bunnymen, My Bloody Valentine, The Chameleons, Cabaret Voltaire, The Jesus And Mary Chain, Nirvana, The Smiths, Pixies, Depeche Mode, The Fall, Dinosaur Jr, Bauhaus, Oasis, Wire, etcétera. La prensa musical no tardó en trazar paralelismos y encumbrar la mayoría de los debuts de las formaciones anteriormente mencionadas. Por enésima vez, en un ejercicio retroactivo, los años ochenta/noventa se convirtieron en un modelo de inspiración a tener en cuenta.    

Editors, banda de Birmingham liderada por el cantante Tom Smith, se formó en la universidad de Staffordshire en el año 2002. Después de varios cambios de nombre y grabar una maqueta conocida como Snowfield Demo, firmaron con Kitchenware Records. Con Jim Abbiss como productor (Arctic Monkeys, Kasabian, Ladytron, Sneaker Pimps, Adele) se dispusieron a entrar en el estudio para grabar su disco de presentación.

The Back Room (Kitchenware Records, 2005)  

The Back Room tuvo un clamoroso recibimiento por parte de los críticos. El álbum cuenta con brillantes sencillos como "Bullets", "Munich", "Blood" y "All Sparks". Gracias a su sonido oscuro, melancólico y predominantemente guitarrero, deudor de bandas como Joy Division, R.E.M. y Echo And The Bunnymen, la formación consiguió un buen número de seguidores, llegar al segundo puesto de las listas británicas y ser nominados al Mercury Prize. Cabe destacar temas como "Fingers In The Factories", "Someone Says" y "Distance"; pequeñas joyas herederas de la angustia sonora de Ian Curtis. La voz de barítono de Tom Smith sugerente, oscura y profunda sería una de las mejores del movimiento junto a la de Brandon Flowers y Kele Okereke. Un detalle a tener en cuenta: tal como suele suceder en estos casos, conforme el grupo continuó adelante, la prensa no volvió a prestarle el mismo apoyo. Al igual que sucedió con The Killers, The Bravery, Bloc Party o Interpol, cada lanzamiento musical sería defenestrado y comparado con su debut. Algo que no sucedería a Arctic Monkeys, Arcade Fire y The Horrors, formaciones mimadas por la crítica que, al igual que Radiohead en los noventa, gozarían del apoyo incondicional de las revistas especializadas. Excelente primer álbum que demuestra el potencial de un grupo que le queda mucho por ofrecer.

An End As A Start (Kitchenware Records, 2007)  

En An End As A Start la banda amplió su paleta musical creando un disco destinado a los grandes estadios. La producción de Jacknife Lee (U2, R.E.M., New Order, Radiohead, Kasabian) hizo hincapié en el piano, coros, arreglos de cuerdas y sintetizadores. El sonido es más ambicioso, rico, dramático y lleno de matices que en la primera obra del grupo. Singles como "Smokers Outside The Hospital Doors", "And End As A Start", "The Racing Rats", "Push Your Head Towards The Air" y "Bones" demuestran una notable evolución que los llevo al número uno de las listas inglesas y conseguir disco de platino. Canciones como "Escape The Nest", "When Anger Shows" y "Spiders" son auténticas maravillas que no desmerecerían aparecer en cualquier recopilatorio del movimiento. La crítica volvió a quitarse el sombrero y alabar la ambición e inventiva del grupo. Lo considero uno de los mejores álbumes de la década pasada y continúa siendo mi favorito de los Editors.

In This Light And On This Evening (Kitchenware Records, 2009)  

In This Light And On This Evening constituyó un salto sonoro que la mayoría de los fans y críticos no supieron comprender. Con Flood a los controles (New Order, U2, Gary Numan, Nick Cave And The Bad Seeds, The Smashing Pumpkins, The Killers), la banda colocó en segundo plano las guitarras y abrazó las cajas de ritmo y los sintetizadores, creando una obra moderna y tenebrista que bebía de Nine Inch Nails y Depeche Mode. La controversia estaba servida: el grupo fue acusado de haber perdido la inspiración y crear un disco mediocre que no estaba a la altura de lo esperado. En mi opinión nada más lejos de la realidad: temas como "Papillon", "You Don't Know Love", "Last Day" y "Eat Raw Meat = Blood Drool" rayan gran altura y podemos encontrar gemas como "In This Light And On This Evening", "Like Treasure" o "The Boxer". La evolución de la banda no resulta forzada en absoluto y, mal que pese a muchos, refrescó su sonido con nuevas propuestas que repetirían en el futuro. Aunque el álbum llegó a número uno de los charts británicos, no tardó demasiado en caer de las listas de ventas. En abril del 2012, el guitarrista Chris Urbanowicz abandonaría a los Editors alegando diferencias musicales. La crítica declaró que no podrían superar aquel bache y que la formación estaba acabada. Un disco a reivindicar.

The Weight Of Your Love (PIAS Recordings, 2013)

Debido a las colaboraciones con otros artistas y el disco navideño de Tom Smith con Andy Burrows, la banda —reformada con Justin Lockey y Elliott Williams— tardaría cuatro años en editar The Weight Of Your Love. Pese haber retomado el sonido de guitarra, la prensa se mostró polarizada con las nuevas canciones producidas por Jacquire King (Tom Waits, Modest Mouse, Kings Of Leon, Of Monsters And Men) y llegó a la conclusión que el grupo se había vendido al mainstream. Las guitarras acústicas, cuerdas y el canto en falsete de Smith toman una relevancia superior a los anteriores trabajos. El álbum está influenciado por U2 ("A Ton Of Love"), R.E.M. ("Hyena"), The Cure ("Two Hearted Spider") y Bruce Springsteen ("The Phone Book"). Sencillos como "A Ton Of Love", "Formaldehyde", "Honesty" y "Sugar" demuestran la buena forma compositiva de la banda y su amplitud de miras musical. El álbum llegó al número seis (su posición más humilde hasta aquel momento) de las listas inglesas. En la actualidad está considerado un trabajo de transición. 

In Dream (PIAS Recordings, 2015)

Durante el 2015, coincidiendo con la década de su debut, la publicación de cuatro canciones —"No Harm", "Marching Orders", "Life Is A Fear" y "The Law" (en colaboración con Rachel Goswell de Slowdive) definen que el nuevo álbum de los Editors ahonda en la vertiente más experimental, electrónica y climática de su sonido. Grabado en la campiña escocesa y producido por ellos mismos, In Dream parece el sucesor de In This Light And On This Evening: un disco que hará las delicias de los fans y desatará los elogios (y gritos) de los medios musicales. Cualquier otra banda hubiera vuelto a los orígenes para contentar a todo el mundo (Muse sería un buen ejemplo) pero los de Birmingham se han negado a retroceder: temas como "Life Is A Fear" y "Our Love" están claramente destinados a las pistas de baile. Su nueva propuesta resulta ambiciosa, elegante, madura y arriesgada. Un trabajo de múltiples facetas que habrá que saborear con lentitud. Algo que, en los tiempos que corren, siempre es de agradecer.

Para aquellos que no hayan disfrutado de los Editors en directo recomiendo escuchar "Marching Orders": ocho épicos minutos que ilustran perfectamente la evolución de un grupo que, lejos de acomodarse, han decidido de avanzar en sentido contrario al esperado.