viernes, 17 de noviembre de 2017

MORRISSEY: "LOW IN HIGH SCHOOL"

“Ningún niño quiere crecer para ser presidente y hay una sensación de que el mundo está cerca de su fecha de caducidad. No hay ningún motivo para mantener los sentimientos y visiones. Esto es el mañana”.

Morrissey

Nadie pone en duda el estatus de Morrissey como artista de culto. Desde la disolución de los Smiths ha labrado una sólida carrera en solitario gracias a álbumes de gran calidad. Fiel a sí mismo, su discografía no desmerece en comparación con su vieja banda. Pocos cantantes, por no decir ninguno, han sido capaces de superar las glorias del pasado. Mozz cuenta con ambición, lírica ácida y afilada, una voz única y carencia de nostalgia que le permite afrontar el presente sin lastre sobre sus espaldas. Su público es de los más fieles que existe. Durante décadas, ha subido al escenario con los ojos llenos de lágrimas para abrazarle. ¿Cuántos músicos serían capaces de conseguir algo similar en los tiempos que corren?

Las declaraciones de Morrissey siempre han sido controvertidas. No tiene reparos en decir lo que piensa sobre política, el veganismo, compañeros de profesión, defensa de los animales, la monarquía británica, multinacionales, la comida basura o el estado de la industria discográfica, entre muchos otros temas. En comparación, las bravatas de los hermanos Gallagher resultan infantiles. En un mundo dominado por la hipocresía y la banalidad, ser auténtico constituye una diferencia importante. Quizá por ello World Peace Is None Of Your Business (Harvest, 2014) fue un fracaso de ventas. El artista acusó a la casa discográfica que lo representaba en aquella época de prestarle nulo apoyo. En consecuencia, fue despedido a las pocas semanas de haber publicado el disco. Pese a lo sucedido, Mozz se embarcó en una gira mundial para promocionar su trabajo. Al diablo con los ejecutivos que lo único que desean es llenarse los bolsillos gracias al sudor de sus artistas. Los fans, aquellos que compran elepés y pagan por ver a sus ídolos en directo, son los únicos que importan. Que tomen nota las estrellas que brillan en el firmamento y actúen en consecuencia.  

Tres años más tarde, “Spend The Day In Bed”, con su irónica letra sobre la pereza, crítica a los medios de comunicación y olvidar el mundo, volvía a situar a Morrissey en primera línea de la industria. Un corte pop con una melodía saltarina que, aunque en un principio no causaba demasiada impresión, termina ganando con las escuchas. La portada del álbum —un niño en la puerta del palacio de Buckingham con un hacha y un cartel que anuncia «Axe The Monarchy»— remitía a piezas como “The Queen Is Dead” o “Margaret In The Guillotine”. Producido por Joe Chiccarelli (The Strokes, The White Stripes, The Raconteurs) y grabado en La Fabrique Studios, Low In High School (BMG, 2017) es un trabajo de alta carga política, crítica a las guerras por el petróleo, brutalidad policial, soledad y repulsa hacia la decadencia del planeta. Dudo que sea necesario añadir que Mozz no cambia con el paso del tiempo.

“My Love, I'd Do Anything For You” es una declaración de principios de corte glam: guitarras distorsionadas, estupendo fraseo por parte de Morrissey, vientos y gritos de colofón. “I Wish You Lonely” (segundo sencillo) destaca por su fondo electrónico y lírica amarga sobre el aislamiento. Una canción cruda y enérgica que puede convertirse en uno de los pilares de su próxima gira. “Jacky's Only Happy When She's Up On The Stage” (tercer adelanto), con su siniestro sintetizador de fondo y coros infantiles de despedida, resulta una bofetada a los actores endiosados. Tal como era de esperar, el público abandona la sala antes de que termine la película. La balada “Home Is A Question Mark” es nocturna, cinemática y conmovedora. Delicados arpegios, poderosa base rítmica, teclados, estribillo épico y cuerdas. “I Bury The Living”, esquizofrénica y experimental, un ataque al ejército que devuelve los cadáveres de los soldados caídos en combate a casa. Las madres deben velar los cuerpos de sus hijos sin que nada pueda servirles de consuelo.

La segunda parte del elepé comienza con “In Your Lap”, una balada de piano sobre relaciones destrozadas en las que solo queda el sexo para paliar el fracaso; Mozz se luce con una interpretación tenebrosa. En “The Girl From Tel-Aviv Who Wouldn't Kneel” encontramos un chachachá (increíble pero cierto) con piano y bajo juguetones que contradicen una letra reivindicativa sobre las mujeres israelíes. “All The Young People Must Fall In Love” cuenta con palmas, una base que roza lo marcial y riffs entrecortados; ideal para corearla en vivo. “When You Open Your Legs” habla de la puerilidad de las relaciones humanas, del intercambio de fluidos como escape al tedio y la desesperación. El empaque sonoro latino, con castañuelas y cuernos, recuerda a “The Bullfigter Dies”. “Who Will Protect Us From The Police?” empieza con una sirena policial. Sucia, electrónica, un esputo a la autoridad. La placa y el uniforme permiten a los representantes del poder acosar a quienes les plazca. Para terminar, “Israel” se solariza con la situación que sufre el país desde hace años. La melodía de piano es sublime y Morrissey ofrece una de las mejores tomas vocales del álbum: triste, ampulosa y combativa.

Los medios británicos han recibido Low In High School con críticas despiadadas que caen en la acritud. Cabe imaginar que, más que el disco en conjunto, se han centrado en sus letras; las mismas que no conceden perdones y resultan más hirientes que de costumbre. Acusan a Morrissey de reaccionario, viejo y amargado. De ser un cantante joven, las conclusiones serían muy distintas. La madurez, como de costumbre, es un factor de discriminación en el mundo de la música. Ciertos individuos, sumidos en una nube de gloria y verdad absoluta, deberían escribir con la profesionalidad que se espera de ellos. Mozz no es un personaje público agradable ni pretende serlo. Aquellos que no puedan afrontar su propuesta, están invitados a desaparecer en la mayor brevedad posible. Al margen de la opinión de la prensa, nos encontramos con su trabajo más sólido desde Ringleader Of The Tormentors (Attack Records, 2006). A punto de cumplir los sesenta años, Steven Patrick Morrissey no ha perdido un ápice de rebeldía, compromiso y actitud. Otra obra notable para la leyenda. 




miércoles, 1 de noviembre de 2017

BUNBURY: "EXPECTATIVAS"


"El disco tiene versos más y menos explícitos. Más poéticos y más callejeros. He intentado conjugar los dos lenguajes. Es cierto que hay una corriente de pensamiento según la cual, un músico o un artista, no se debe pronunciar ni comprometer. Pero creo que no ha lugar. Por supuesto, creo que es legítimo y es un hecho contrastado en la historia del Arte, desde Altamira hasta el día de hoy. Los pintores, los músicos, los literatos o los cineastas pueden sentir interés por explicar y dar su punto de vista con respecto al mundo que les ha tocado vivir. Lo que empieza a ser sospechoso es que haya tantas voces que se alcen dudando de esta posibilidad".


Enrique Bunbury


Hasta la llegada de Expectativas (Warner, 2017), la carrera de Bunbury ha sido tan variada y prolífica como tiene acostumbrados a sus seguidores. Tres álbumes de estudio: Las consecuencias (2010), Licenciado Cantinas (2011), Palosanto (2013); los directos Gran Rex (2011), Madrid, Área 51 (2014), Hijos del pueblo (2015) en colaboración con Andrés Calamaro, MTV Unplugged: El libro de las mutaciones (2015); y el documental El camino más largo (2016). Independientemente de la consistencia de cada giro estilístico de su trayectoria, nadie puede negarle al maño su amor por la música, afán de experimentar nuevas texturas y riesgo a la hora de arrojarse al vacío. Un espíritu mutable que ha descolocado al público desde Radical Sonora (1997), en el que abrazaba la electrónica, las cajas de ritmos y la música árabe sin impedimentos. Entre lo sublime (“Lady Blue”) y lo dudoso (“Hay muy poca gente”), la sombra de los Héroes del Silencio aún perdura en la actualidad.   

Al igual que Loquillo, Ariel Rot, Santiago Auserón, Jaime Urrutia, Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Manu Chao, Fito Páez o Calamaro, Bunbury es un músico que no sigue los dictados del mercado, las radiofórmulas o las casas discográficas. Su meta es la superación y la autenticidad, no despachar discos y entradas de conciertos. Puede que por ello haya enfocado su carrera en solitario al mercado latino, en el que siempre fue mejor valorado que en su propio país.

Junto a Los Santos Inocentes, formación que lo ha acompañado durante los últimos años tanto en estudio como en la carretera, Expectativas es un trabajo que se desmarca de recientes incursiones latinas para abrazar un espíritu glam que evoca a Bowie —una de sus mayores influencias—, gracias a una serie de canciones con contenido social, compromiso, pesimismo y actitud combativa. La extensión lógica de temas que había presentado anteriormente en elepés como Avalancha (1995), El viaje a ninguna parte (2004) o el mesiánico Palosanto.

Lanzados como sencillos, “La actitud correcta” —ácido ataque al postureo, a los aires de estrellas de compañeros de profesión, perfectamente aplicable a cualquier grupo indie patrio— y “Parecemos tontos” —un medio tiempo dylaniano con letra reivindicativa—, definen perfectamente el núcleo lírico general. “La ceremonia de la confusión”, la bailable “En bandeja de plata” y “Lugares comunes, frases hechas”, podrían considerarse los temas más críticos del álbum. En cambio, “Cuna de Caín” —que los medios se han empeñado en asociar con el conflicto catalán, cosa que el zaragozano ha desmentido en diversas entrevistas—, “Supongo”— amarga y esperanzada a la vez— y “La constante” —una balada romántica dedicada a su esposa Jose Girl—, ofrecen su faceta más sensible y reflexiva. Por primera vez en mucho tiempo sobran las estridencias vocales; tono ajustado a las necesidades de cada tema. El maño no tiene porqué destacar sobre sus músicos.   

Llegados a este punto, cabe puntuar el gran trabajo de Santiago del Campo; su saxo aparece prácticamente en todas las canciones, enriqueciendo un disco que cuenta con una excelente producción, variada, madura y sin altibajos que, a diferencia de anteriores elepés, no resulta monótona en ningún instante. “Bartleby (Mis dominios)”, “Al filo del cuchillo” —la pieza más oscura del álbum, entre la culpabilidad, el dolor y el placer— y la nihilista “Libertad”, muestran el lado más rebelde e inconformista del músico.

Han pasado veinte años de constante reinvención desde su primer disco solista. Bunbury ha publicado su mejor trabajo desde Las consecuencias y, por extensión, uno de los más sólidos de su dilatada andadura discográfica. Un verso para recordar: “La calle va por dentro y no tienes ni puta idea de Rock And Roll”. ¿Alguien se atreve a llevarle la contraria?   

           

viernes, 13 de octubre de 2017

DISOOMNIA: "PLANETARY CONCERN"

El metal en Canarias siempre ha tenido poca salida al mercado. El público prefiere escuchar géneros —por poner algunos ejemplos— más asequibles como salsa, reggaetón, bachata o los éxitos que dominan los 40 Principales. Pocos locales en el circuito de actuaciones (la mayoría solo contratan grupos de covers) para que las bandas puedan desarrollar su potencial sobre el escenario, una preocupante falta de festivales para darse a conocer, egos desorbitados por parte de algunos compañeros de profesión, amiguismo a mansalva y carencia de sellos discográficos con los que grabar un elepé. De hecho, la mayoría de los promotores pretenden que, a pesar de cobrar entrada, las formaciones actúen gratuitamente. Esta es la triste y cruda realidad. ¿Qué hacer en una situación tan desfavorable a nivel musical?

La única alternativa para las bandas es seguir realizando su trabajo, independientemente de todas las dificultades inherentes a su profesión. En el caso de Disoomnia, después del prometedor EP Crónicas (Estudio Blost, 2007) en el que cantaban en castellano, Planetary Concern (Estudio Blost, 2015) ha representado, aparte del cambio de idioma, una evolución respecto a su sonido, todo para llegar a un público más amplio.


En palabras de su vocalista: «Este disco es conceptual y las canciones siguen una línea cronológica. Hay dos niveles: uno de ellos es la troposfera, relacionada con la tierra, y representa el principio del caos interno. En este nivel encontramos las canciones más agresivas y caóticas debido a la frustración del protagonista (causada por sus dudas sin respuesta y sus miedos)  y su incapacidad para resolverla. Luego tenemos el segundo nivel, o estratosfera, relacionado con la liberación, donde tras años de angustia y dudas, el protagonista hace una mirada introspectiva y aprende a no identificarse con sus pensamientos, con lo que el sufrimiento y el miedo empiezan a disminuir. En estas canciones comenzamos a ver referencias a la luz y el mar como símbolos de calma y alivio».

“The Hive”, tema con el que suelen empezar sus conciertos, abre el disco con una introducción que roza el rock progresivo, sintetizadores y una sección rítmica que da paso a las guitarras. Toda una declaración de intenciones que anticipa lo que vendrá a continuación. “Dead Sun” destaca por su arranque misterioso y los juegos de voces entre David García y Celia Montelongo; una de las mejores canciones del álbum que alterna entre el lado melódico/pesado de la formación con diferentes cambios de tempo.

“Pronaos” es una extensa balada eléctrica que cuenta con delicados arpegios, cuerdas, un bajo que lleva todo el peso de la canción y una letra que trata sobre borrar el pasado y volver a empezar de cero. Los sintetizadores de “Red Sea” recuerdan vagamente al trabajo de Jean Michel Jarre en los setenta, la muralla de ruidosas guitarras no proporciona respiro en ningún momento. Gran despliegue instrumental por parte de los miembros de la formación. 

En “Neptune”, la pieza más veloz de todo el elepé, García canta de modo suave hasta llegar al estribillo, en el que lo hace de forma gutural; un interesante cambio de voz que encaja perfectamente en la dinámica interna del tema. “Moebius’s Eyes” es otra furiosa pieza con un buen solo de guitarra, cuerdas, un puente instrumental dominado por punteos eléctricos y un sintetizador atmosférico a mitad de la canción.

Puede que la futurista “2064” sea el tema con más influencias de metal gótico de todo el elepé. Guitarras potentes, electrónica y un coro ideal para corear en vivo. Esta da paso a “Deimos”: riffs y voces entrecortadas, casi punks, con una batería contundente y desquiciada. La despedida perfecta para uno de los mejores discos que se han publicado en Canarias en años. Un trabajo variado y potente, con grandes melodías y un imaginativo trabajo de estudio por parte del guitarrista/productor Carlos Díaz.

Disoomnia es una de las bandas más solventes de la escena musical del archipiélago que se ha labrado una sólida reputación gracias a sus directos; su actuación el pasado mes de agosto en el Goymar 2017 resulta buena prueba de ello. Black Sabbath, Katatonia, AC/DC, Lamb Of God, Metallica, Sybreed, Paradise Lost, W.A.S.P. y Korn son algunos de sus grupos favoritos. Viendo el lapso de tiempo transcurrido entre su primer EP y la publicación de Planetary Concern solo cabe plantearse una pregunta: ¿para cuándo el próximo álbum?




viernes, 6 de octubre de 2017

MARILYN MANSON: "HEAVEN UPSIDE DOWN"


“Después que todos los globos se hayan marchitado y se hayan hundido en charcos de vómito e idealismo, no busques mi compasión. Estoy aquí para ser todo aquello que se me acusa no ser. Y para que se me culpe por ser aquello en lo que me habéis convertido. Los disparos que vas a oír proceden de una boca disfrazada de pistola. No llames a esto arte. Esto es una polla dura en una habitación llena de vampiros y música. La música es mi sangre sucia en vuestras caras”.

Marilyn Manson

Gracias a The Pale Emperor (Hell, etc, 2015), Marilyn Manson recibió las mejores críticas de su carrera desde finales de los noventa. Un disco oscuro y pantanoso, con atmósfera blues y trazos de psicodelia, que amplió su paleta sonora alejándolo del estilo industrial que lo caracteriza. Toda una sorpresa para los seguidores que habían perdido la fe en su ídolo desde hacía años.

Por desgracia para Manson, el personaje que lo lanzó a la fama ha ensombrecido su trayectoria musical. A diferencia de otros artistas, tanto la crítica como el público se ha quedado estancada en la trilogía formada por Antichrist Superstar/Mechanical Animals/Hollywood (In The Shadow On The Valley Of Death). A partir de entonces, independientemente de la calidad de sus nuevos lanzamientos, el consenso general siempre ha valorado su trabajo de forma negativa. Por poner un ejemplo, en la época Mechanical Animals (Interscope, 1998) fue acusado de comercial, que se había vendido al mainstream y que era una obra inferior a su predecesora. El paso del tiempo le ha hecho justicia y en la actualidad está considerado un gran disco.   

Olvidan que al igual que David Bowie, Manson cambia de piel en cada elepé para reinventarse; una actitud camaleónica que jamás ha sido valorada en su justa medida. El Reverendo NUNCA (en mayúsculas) publica dos álbumes idénticos. Aquellos que continúen suspirando por un nuevo Antichrist Superstar (Interscope, 1996), deberían asumir que el cantante no siente interés en grabar un álbum como el que lo encumbró al estrellato, contar con Trent Reznor en las labores de producción o con Floria Sigismondi para que dirija sus videoclips. Resulta ridículo que la mayoría de la prensa lo considere una parodia de sí mismo, que no ha publicado un disco decente y mucho menos una canción memorable desde The Golden Age Of Grotesque (Interscope, 2003). El absurdo ha alcanzado cotas increíbles.

Manson es consciente de su legado, del peso de su propia obra, que es incapaz de satisfacer las elevadas expectativas. Por consiguiente, siendo fiel a sí mismo, se ha desmarcado de su anterior trabajo con una serie de canciones rápidas y furiosas que beben de la época en la que arrasaba en las listas de ventas. Heaven Upside Down puede considerarse un compendio, en mayor o menor medida, de todos sus elepés anteriores —al estilo de The Next Day del Duque Blanco— que rescata el pasado sin ninguna clase de nostalgia.

“Revelation #12”, “WE KNOW WHERE YOU FUCKING LIVE”, “SAY10” y “JE$U$ CRI$I$” son sucias, ruidosas y llenas de urgencia, con guitarras chirriantes y un buen entendimiento de la sección rítmica. “WE KNOW WHERE YOU FUCKING LIVE”, presentada como primer single, es un tema al estilo de “No Reflection” destinado a contentar a su público esencial. Impagable videoclip en el que unas monjas dominatrix armadas hasta los dientes secuestran a una familia americana y los fuerzan sexualmente en contra de su voluntad. “SAY10” podría ser un nuevo clásico del repertorio en directo: alterna susurros, electrónica, gritos rabiosos y un coro arrollador. El vídeo cuenta con un irreconocible Johnny Depp como invitado, una joven masturbándose, chicas desnudas cubiertas de pintura pulverizada, una parodia del alzamiento de la bandera americana en Iwo Jima y al Reverendo sangrando profusamente por un corte en el cuello. Su trabajo visual más provocativo desde “(S)aint”.

En “Tattooed In Reverse” y “Threats Of Romance”, volvemos a encontrarnos al Manson de The Pale Emperor gracias a un blues arrastrado y electrónico con buenos juegos vocales. “Blood Honey” es una balada emparentada con “If I Was Your Vampire” o “Coma White”; atmósfera tenebrosa, teclados y guitarras punzantes. “Heaven Upside Down” y “KILL4ME” son los cortes más asequibles del disco. No hay motivo para escandalizarse: no es necesario que Manson resulte ensordecedor todo el tiempo. El primero es una pequeña gema cercana al pop con un notorio trabajo electroacústico y el segundo posee ritmos de pistas de baile que parecen arrancados —salvando diferencias— de los surcos de Notorius de Duran Duran.

Por último, con sus ocho minutos de duración, en “Saturnalia” destaca un bajo palpitante, guitarras hirientes y múltiples capas de sonido que recuerdan al trabajo de Bauhaus en los ochenta. Su canción más experimental desde “I Want To Kill You Like They Do In The Movies” del infravalorado The High End Of Low (Interscope, 2008) que fue un fracaso de ventas, crítica y público. Motivo que lo obligó a abandonar su antiguo sello discográfico en busca de mayor libertad creativa.  

El Reverendo ha aprendido de sus errores: cantidad no es sinónimo de calidad. Heaven Upside Down es un elepé sencillo, directo y potente, con un minutaje ajustado a las radiofórmulas y sin grandes alardes de producción por parte de Tyler Bates. Su único defecto es la carencia de riesgo, buscar nuevos horizontes musicales. Por lo demás, completamente disfrutable. Probablemente si se tratara del debut de cualquier banda, los medios se desharían en elogios y coparía las listas de los mejores valorados a finales de año. A pesar de todos los problemas relacionados con la gestación del álbum —cambio de título, retraso a la hora de publicarlo, el fallecimiento del padre de Manson, su reciente divorcio y el aparatoso accidente en el Hammerstein Ballroom de Nueva York— Brian Hugh Warner no se ha dado por vencido.   
   


lunes, 18 de septiembre de 2017

GARY NUMAN: "SAVAGE (SONGS FROM A BROKEN WORLD)"


Ambientado en un mundo postapocalíptico destruido por el calentamiento global, Savage (Songs From A Broken World) (BMG, 2017), de Gary Numan, recuerda en concepto al lejano Warriors (Beggars Banquet, 1983) pero con una estética que en vez de beber de Mad Max, se inspira en Dune de Frank Herbert. Según declaraciones oficiales del propio Numan, las letras del disco están basadas en una novela de Ciencia Ficción de corte distópico que nunca llegó a finalizar.

“Ghost Nation” abre el disco con polvo, sintetizadores, una base rítmica pesada, un estribillo demoledor perfecto para corear en los conciertos y la imagen de los supervivientes del holocausto luchando por sobrevivir entre las ruinas azotadas por implacables tormentas de arena.

“Bed Of Thorns” —aparecida en versión demo en la banda sonora de Ghost In Shell— cuenta con trenzados arábigos, coros femeninos y colchones de sintetizadores. La espléndida “My Name Is Ruin” es uno de los mejores sencillos que ha publicado Gary Numan a lo largo de su dilatada andadura discográfica. Estupendas guitarras y un tempo avasallador. En el videoclip de ambientación futurista destaca la presencia y los coros de su hija Persia. Uno de los momentos más esperados de la gira actual es cuando la joven sube al escenario para acompañar a su padre en las voces. Un tema a la altura de caballos de batalla como “Metal”, "I'm An Agent", “Down In The Park”, la emblemática “Cars”, "Films" o “Are "Friends" Electric?”.  

“The Ends Of Things” comienza con tranquilidad, cuerdas y un coro épico en el que la canción demuestra todo su potencial. “And It All Began With You” es una balada en la que la voz asume el protagonismo absoluto. La forma de cantar del británico recuerda a “Wicked Game” de Chris Isaak. Posee un precioso trabajo en los teclados y una letra conmovedora que trata sobre el temor de perder al ser amado, probablemente inspirada en su esposa.

Llegados al ecuador del álbum, cabe enfatizar el sonido limpio, atmosférico y cristalino cortesía de Ade Fenton, mano derecha de Numan desde mediados de la década pasada, con el que ha grabado algunas de la piezas más notables de su carrera. A diferencia de los ochenta, cuando producía sus propios álbumes, el británico ha encontrado a una persona de confianza en la que puede delegar tal responsabilidad.    

“When The World Comes Apart” destaca por su melodía potente, furiosa y bailable en la que la electrónica y las guitarras encajan a la perfección. “Mercy” es la pieza que más debe a Nine Inch Nails: un medio tiempo puramente industrial que da paso a “What Good Intented” (segundo single), una amarga balada de letra melancólica en la que los sintetizadores llevan el peso del tema.

“Pray For The Pain You Serve”, la canción más rápida del álbum, nos prepara para la despedida: “Broken” es otro tema con influencias arábigas con una imaginativa introducción y un gran trabajo en los teclados que sirve para cerrar un disco sin fisuras. La voz de Numan es un instrumento más durante todo el elepé; se adapta a la perfección con su timbre cálido y maduro.

Savage (Songs From A Broken World) continúa la estela del notable Splinter (Songs From A Broken Mind) (Cooking Vinyl, 2013) llegando a superarlo en muchas ocasiones. El elepé ha sido un éxito de público y crítica, alcanzando el Nº2 en los charts su posición más alta desde Telekon (Beggars Banquet, 1980) británicos. Numan ha aunado los sintetizadores de su sonido clásico con la música que realiza en la actualidad para satisfacer a sus incondicionales. El estilo oscuro, taciturno y ominoso que lo caracteriza continúa inalterable. Todo un logro después de una carrera tan larga.



lunes, 4 de septiembre de 2017

REY KULL: ALMAS MUERTAS


Reemplazo la melancolía por el coraje, la duda por la certeza, la desesperación por la esperanza, la maldad por el bien, las quejas por el deber, el escepticismo por la fe, los sofismas por la frialdad de la calma y el orgullo por la modestia.

Lautréamont


I

EL TRONO DE VALUSIA

A última hora de la tarde, la sala del consejo del palacio estaba prácticamente vacía. El amplio recinto sostenido por gruesas columnas decorado con ricos tapices, cortinas de seda y mullidas alfombras, mostraba su regio esplendor bajo la tenue luz vespertina. Durante la jornada, una infinidad de individuos habían expuesto sus problemas ante la corte: embajadores, sacerdotes, campesinos, nobles y mercaderes de todas las partes del mundo. Cualquier clase social tenía la misma importancia para el rey, este nunca hacía distinciones al respecto: todos los hombres eran iguales ante sus ojos. En el trono de topacio, un individuo de anchos hombros y poderosos músculos escuchaba el resumen del día, con la barbilla apoyada en el puño y una mirada ausente. Kull estaba agotado: los asuntos del reino eran una madeja extraña y laberíntica donde podía naufragar cualquier hombre. Añoraba la libertad de los bosques de Atlantis, sus montañas escarpadas, los acantilados batidos por las olas y sus gentes fieras e indómitas. Aunque intentara evitarlo, despreciaba la hipocresía y las máscaras propias de la civilización; odiaba a los siervos que fingían lisonjearlo mientras maldecían sus orígenes entre dientes; aborrecía las intrigas de una aristocracia que antes de su ascenso al poder, se tambaleaba víctima de la decadencia moral. Al fondo de la sala, un balcón revelaba una panorámica visión de Valusia: torres enjalbegadas, cúpulas escarlatas, tejados brillantes, palacios imponentes y murallas doradas. 
Tu, el primer consejero de la corte y amigo del Rey, carraspeó:
—¿Habéis escuchado algo de lo que he dicho, señor?
El gigante regresó a la realidad.
—Perdona, Tu. ¿De qué hablabas?
El anciano soltó un suspiro: nunca podía retener la atención del bárbaro.
—Majestad, decía que el embajador de Kamelia ha protestado por...
Indiferente, Kull regresó a sus pensamientos mientras procuraba aparentar lo contrario: las complicadas responsabilidades del Estado lo aburrían. A veces, cuando era incapaz de dormir, sentía que se había convertido en un esclavo de su reino; de las leyes, tradiciones y consignas que se perdían en el polvo de los siglos. Un relámpago peligroso le iluminó el iris. ¡Nunca se convertiría en un títere! Le había costado sudor y sangre conquistar el trono de la Ciudad de las Maravillas, no permitiría que nada ni nadie se lo arrebatara, aquél que lo intentase moriría bajo del filo de su acero. Una expresión desdeñosa llenó su rostro moreno cubierto de diminutas cicatrices: poco le interesaban las disputas de la nobleza, que se las arreglaran como pudieran. El atlante era consciente de que a pesar de haber levantado el país después de derrocar a Borna, el pueblo conspiraba a su espalda, cuchicheando en el interior de sus casas; nada les complacería más que ver destronado al bárbaro usurpador. El anciano continuaba exponiendo sus argumentos:
—En cuanto al conde Murom, desea que bendijeseis la boda de su hija Nalissa con Dalgar de Farsun apadrinando a los novios y...
Kull tomó nota mental de aquel detalle: el conde Murom era un súbdito fiel, uno de los primeros que abrazó su causa, no le quedaba otro remedio que complacerlo aunque no le agradaran aquel tipo de ceremonias. El gigante desvió la vista, la imagen de los asesinos rojos apostados a un lado del trono, inmóviles como estatuas de bronce, mejoró su ánimo introspectivo. La guardia privada, embutida en armaduras carmesíes, eran los mejores guerreros del mundo. Arrostrarían las llamas del infierno y derramarían hasta la última gota de sangre para proteger a su señor. El sol acarició los contornos majestuosos del palacio, se ocultó por poniente, y esparció una luz pálida y anaranjada sobre los azulejos de mármol. Un cansancio inesperado cubrió el alma de Kull durante un segundo: el peso de la corona le resultó insoportable. Tu detuvo su arenga, se frotó las manos apergaminadas y pareció que el rostro le envejecía notoriamente.

II

MENKARA DE ZARFHAANA

Kull inquirió:
—¿Qué sucede, amigo mío?
El anciano soltó una bocanada de aire.
—Corren rumores por la ciudad, señor.
El atlante enarcó las espesas cejas.
—No te andes por las ramas, Tu.
El consejero real fue directo al grano:
—Mis espías me han dicho que Menkara, la mano derecha del emperador de Zarfhaana, se encuentra en la ciudad...
Kull lo interrumpió con brusquedad.
—¿Qué hace aquí ese perro?
Tu encogió los estrechos hombros.
—No lo sé, majestad. Pero se rumorea que se dedica a inmolar vírgenes valusas en los altares de la serpiente.
Sin percibirlo, el gigante llevó la diestra hacia su espada.
—¿Cómo es posible? —exclamó—. ¡Quiero su cabeza!
—Primero tenemos que conseguir pruebas, señor —explicó—. Si lo detuviéramos ahora se desencadenaría un conflicto diplomático de proporciones catastróficas.
Kull enrojeció de rabia.
—¿Por qué no me lo habías dicho, maldito seas?
Tu fue pragmático:
—Porque sabía que reaccionaríais de esta manera, majestad.
El atlante gruñó:
—¿Y eso que diablos significa?
El anciano procuró tranquilizar al bárbaro.
—Que debemos obrar con cautela, señor. Os aseguro que cuando consiga testigos fidedignos dará con sus huesos en las mazmorras.
Kull golpeó el estrado con todas sus fuerzas.
—¿Y qué harás mientras tanto? ¿Permitirás que sacrifique a todas las muchachas que le dé la gana? ¿Te cruzarás de brazos hasta que cometa un error? 
Tu bajó la mirada.
—No podemos hacer nada, majestad.
El gigante se puso en pie.
—¡Estoy harto de las normas de la corte! —bramó—. ¡Son una pérdida de tiempo!
El primer consejero retrocedió ante la furia del atlante.
—La ley es la ley, señor.
Kull entrecerró los párpados.
—¿Dónde está Menkara? —masculló—. ¡Quiero saberlo!
El anciano se apresuró a responder:
—En la Torre del Esplendor, señor.   
El atlante descendió la escalinata, abandonó el estrado y desapareció por la puerta principal del salón hecho una furia. Tu murmuró en voz baja:
—Que los dioses nos protejan.

III

LA DECISIÓN DEL REY

Al llegar a sus aposentos, Kull despidió a los criados bruscamente: necesitaba pensar a solas. Furioso, el gigante recorrió la estancia de un lado a otro, como un lobo atrapado, haciendo resonar sus pasos en la penumbra. Kull había forjado su destino gracias a su valor, al temple de su brazo, al fuego de su espíritu y al poder de su espada: no le debía nada a nadie. El atlante era un extranjero para los valusos, un invasor que había derrocado a la antigua dinastía entre un mar de llamas y sangre, para ceñirse la corona sobre la frente. Gracias a los bárbaros que recorrían el imperio, la Ciudad de las Maravillas había sobrevivido, de lo contrario, hubiera muerto víctima de la degeneración de sus propios habitantes. Kull había reconstruido los ejércitos, arruinado la supremacía de los grondaros, terminado con los sediciosos, quebrado el poder de la Federación Triple, y aniquilado el culto de los hombres serpiente: méritos suficientes para merecer la lealtad de un pueblo que lo denigraba entre las sombras. El gigante profirió una maldición en su idioma natal y apretó los puños. ¿Qué clase de soberano sería si permitiera aquellos horrores en su feudo? Con la cabeza llena de hirvientes pensamientos, franqueó la habitación, apartó las cortinas de un manotazo, y se quedó mirando la Torre del Esplendor. La fortificación, construida hacía milenios, destellaba como una gema en la oscuridad dominando las calles a oscuras. Kull levantó la vista y contempló las estrellas que brillaban en la noche temprana: tuvo la impresión de que los astros se burlaban de su impotencia. El atlante recordó el camino que había recorrido para llegar al poder: su infancia salvaje entre los tigres que lo criaron, los tiempos como esclavo en una galera lemur, su adolescencia de pillajes en las colinas de Valusia, los meses como preso en las celdas del palacio, su éxito como gladiador en las arenas del circo, los hombres bajo su mando cuando fue comandante supremo de los ejércitos... Una impresión de amargura estranguló su aliento y le humedeció los ojos: anhelaba recuperar el pasado.
—¡Por Valka! —rugió—. ¡No permitiré que Menkara haga lo que quiera en mi reino!               
La cólera inflamó su corazón, le hinchó las venas del cuello y lo obligó a rechinar los dientes. Kull sabía que el político zarfhaano era un individuo corrupto, capaz de cometer las peores atrocidades, tal como demostraban las historias que corrían sobre su persona. De hecho, lo conoció el día que fue nombrado monarca de la Ciudad de las Maravillas: su presencia le resultó repulsiva. El gigante rememoró las facciones abominables del político: la frente estrecha, los ojos hundidos, malévolos, sus labios finos y crueles. Kull arrojó la corona sobre la cama, se arrancó las vestiduras de un tirón y ajustó el pesado mandoble en la cintura: tenía que comprobar con sus propios ojos lo que Tu le había contado. El atlante se detuvo en el alféizar de la ventana. Abajo, a cien pies de distancia, el jardín envuelto en tinieblas estaba vacío: los guardianes tardarían unos minutos antes de volver a pasar por debajo de sus aposentos. Kull estudió las enredaderas que llegaban hasta el suelo, los árboles estremecidos por el viento, las fuentes de agua, los setos bien recortados y los muros del castillo: la decisión estaba tomada.

IV

LA CIUDAD DE LAS MARAVILLAS

En el cielo, un cuarto de luna destelló en la negrura e irradió las calles empedradas, haciendo que la ciudad adquiriera un aspecto fantasmagórico. El gigante recorrió la azotea a gran velocidad, llegó al final de la misma y saltó al edificio de enfrente. El impacto del aterrizaje recorrió su fisonomía de los pies a la cabeza. Acto seguido, atravesó la construcción en diagonal, agarró una cañería, tomó impulso y llegó hasta el siguiente tejado. Kull utilizó pies y manos para ascender hacia el muro de la azotea, aplastó las tejas con su peso y llegó a su objetivo: una legua de distancia lo apartaba de la Torre del Esplendor. Debajo de su posición, a tres pisos de altura, una pareja de guardias armados con lanzas y espadas rectas, cruzaron la avenida y desaparecieron detrás de una vivienda. El rey sostuvo la respiración, comprobó que nadie lo veía y continuó adelante: la rabia daba alas a sus pies.
—Veremos qué clase de hombre eres —rezongó—, cuando nos encontremos cara a cara, bastardo.
Kull era consciente de que estaba cometiendo una locura, sus acciones podían liberar una guerra entre Valusia y Zarfhaana, pero le era imposible contener su sed de justicia. Aquel político no se saldría con la suya. ¡Los dioses eran testigos de su promesa! El atlante descendió una tapia, recorrió varias terrazas pegadas unas a las otras, flexionó las piernas y efectuó un brinco entre dos edificios: pocos individuos hubieran podido realizar aquella hazaña. Con la respiración agitada y el cuerpo empapado de sudor, se orientó entre las azoteas y eligió el rumbo más seguro que podía encontrar.

Salir del palacio fue tarea fácil, sus guardianes no estaban preparados para hombres como el bárbaro; hasta un ciego hubiese logrado burlarlos. Silencioso, el atlante bajó por las enredaderas, se detuvo detrás de unos setos tupidos, y esperó a que la guardia pasara de largo. Inmediatamente, corrió a través del jardín, se escondió unas cuantas veces entre los árboles para esquivar a sus soldados, y alcanzó las murallas en poco tiempo. Sin aminorar de velocidad, Kull saltó en el aire, agarró el parapeto con ambas manos y subió a pulso encima del muro. Delante, la Ciudad de las Maravillas dormitaba, ignorante de los crímenes que se perpetraban en las tinieblas. El gigante sacudió la negra melena, abandonó el precario refugio y se desvaneció en la noche igual que una sombra.

Kull volvió al presente, se pasó la mano por el rostro y analizó la Torre del Esplendor. Ahora que su cólera empezaba a difuminarse, una frialdad tétrica invadió su interior y le serenó los ánimos. Lo mejor era buscar una apertura en el muro exterior de la fortificación, esquivar a los guardianes y ascender hasta la cúspide del edificio. Lamentaba no estar mejor preparado, una cuerda y una cota de malla le serían útiles en aquella aventura. Lo hecho hecho estaba; no tenía sentido mirar atrás. El atlante traspasó unos tejados irregulares, eludió a los hombres que salían de una taberna cercana y sonrió a las estrellas. Pesadas nubes recorrieron el firmamento ocultando la luna: la oscuridad era ideal para sus propósitos. Por primera vez en meses, Kull experimentó una desbordante sensación de felicidad que colmó su espíritu de mares espumosos y montañas lejanas. Olvidó las lúgubres reflexiones de los últimos días, el tacto de las ropas de terciopelo, los hábitos de la corte, la corona que abatía su conciencia, sus obligaciones como monarca. Seguía siendo un hombre libre; eso era lo único que importaba.

V

ALMAS MUERTAS

Cautelosamente, se aproximó a la claraboya y observó a través de los cristales: una docena de sacerdotes vestidos con sombrías túnicas oraban debajo de su posición. A sus oídos llegó un monótono canto religioso. Kull sintió como se le ponía la carne de gallina: despreciaba la brujería con todas sus fuerzas. Aferró el pomo de la espada. Un estremecimiento le recorrió la espina dorsal. La superstición propia de su raza hizo mella en su espíritu: las costumbres hereditarias eran difíciles de borrar. Un poder malsano, que se perdía en el alba de los tiempos, cuando Atlantis era una isla entre las aguas, emanaba de aquellos hombres. En el centro de la estancia, sobre un altar de obsidiana, una joven de pálidos miembros, yacía esposada de pies y manos por cadenas de plata. Detrás de ella, la figura familiar del político zarfhaano sostenía un puñal en la diestra, preparado para cumplir su siniestra inmolación. Kull rechinó los dientes: los espías del consejero real estaban en lo cierto. Las voces aumentaron de intensidad. Menkara avanzó unos pasos, se situó a un lado de la muchacha y levantó el arma sobre su cabeza. Una mirada fanática le ardía en los ojos enrojecidos.
—¡Acepta nuestro sacrificio, Thulsa Doom! —aulló con voz ronca—. ¡Devuelve su poder al pueblo de los hombres serpiente!
El rey se precipitó hacia adelante. El tragaluz estalló en mil pedazos, fragmentos de cristal llovieron en todas las direcciones, y un bramido de asombro inundó las gargantas de los sacerdotes. Kull aterrizó entre el enemigo. El mandoble destellaba en su puño, prometiendo muerte a todos aquellos que se atrevieran a atacarlo. Unas palabras primigenias surgieron de su boca sin que fuera consciente de ellas:
Ka nama kaa lajerama...
Los rostros de los sacerdotes se difuminaron debajo de las capuchas, adquirieron unos rasgos horripilantes y se transformaron en ofidios que espumeaban saliva por las fauces abiertas. El gigante trazó un arco con la espada y dividió la cabeza de un hombre serpiente desde la coronilla hasta el esternón. Al instante, se desembarazó el cadáver y le abrió el pecho al sacerdote que tenía a su izquierda: sus pulmones salpicaron las baldosas de mármol. Aterrado, Menkara reculó al reconocer la silueta del bárbaro.
—¡Matadlo, hermanos! —ordenó a sus acólitos—. ¡Es Kull de Valusia!
El atlante soltó una risotada, movió la hoja a ambos lados y trazó un arco sanguinolento entre sus adversarios. Sin pensarlo, embistió como una pantera, destrozando los cuerpos que se le ponían por delante, enloquecido por la alegría del combate. Kull ignoró las heridas superficiales, los cuchillos que buscaban su físico desprotegido, las caras perversas de los sacerdotes, y cualquier iniciativa de protegerse: estaba en su elemento, había nacido para matar o morir. Su visión se tiñó de rojo, cortó miembros, extirpó vidas y destrozó a los hombres serpiente. Aquellos individuos, poco y mal entrenados en el uso de las armas, no podían vencer la cólera elemental del bárbaro. Minutos más tarde, Kull se irguió entre los cuerpos aniquilados: una miríada de pequeños cortes llenaba su anatomía. El atlante esbozó una sonrisa gélida, hizo caso omiso de sus heridas, pasó por encima de los cadáveres y se aproximó al zarfhaano: sus intenciones homicidas eran evidentes.
—¡Socorro! —chilló Menkara—. ¡Guardias!
Kull volvió a reír con siniestra alegría.
—Grita todo lo que quieras. Tus hombres no pueden auxiliarte. ¡He terminado con ellos, perro!
Menkara palideció.
—¡Mientes!
La punta de la espada apuntó el corazón del político.
—¡Basta de cháchara! —gruñó—. ¡Acabemos con esto!
El zarfhaano levantó los brazos, puso los ojos en blanco y pronunció una frase en un idioma arcano, negro como el infierno. Bruscamente, el avance del rey se detuvo: el hechizo le había paralizado los miembros. Una corriente helada acarició el cuerpo de Kull y espesó la sangre en las venas, congelándole el corazón. El político lanzó una carcajada triunfal.
—¡Estás atrapado, bárbaro! —masculló—. ¡Ningún hombre puede romper mi conjuro!
El llanto desgarrado de la joven se alzó sobre el rugido que le inundaba los tímpanos. Frenético, Kull concentró toda su energía en el brazo que sostenía el acero: no pensaba permitir que aquella muchacha muriera. Estupefacto, Menkara retrocedió por segunda vez.
—¡No! —exclamó ante el poder del bárbaro que había cometido el error de subestimar—. ¡Es imposible!
Con un último esfuerzo, el gigante arrojó la espada hacia el zarfhaano. El mandoble surcó el aire, trazó una elipsis centelleante y perforó el esternón de su enemigo, clavándolo en la pared como a una mosca. El político se estremeció, escupió un borbotón púrpura y pereció con un gesto horrible en las facciones retorcidas por la agonía. Exhausto, Kull se desplomó de rodillas, con los músculos estremecidos por grandes temblores: poco había faltado para no contarlo. Al recuperarse de la espantosa experiencia, se incorporó a trompicones y alcanzó a la joven desecha en lágrimas.
—Gracias, señor —susurró la muchacha—. No sé como agradecéroslo...
El atlante rompió las cadenas con sus vigorosas manos, levantó a la chica y la acunó entre sus brazos. Una inesperada muestra de ternura que pocos habían visto.
—Todo ha terminado —murmuró—. Estás a salvo, pequeña.


    

martes, 15 de agosto de 2017

REPLICANTE


REPLICANTE. N. Ver también ROBOT (antiguo): ANDROIDE (obsoleto): NEXUS (genérico): Humano sintético con habilidades parafísicas y cultura carnal. También: Rep, Pellejudo (argot); Utilización en otros mundos: Combate y exploración espacial de alto riesgo. Prohibida su utilización en el mundo madre. Datos y especificaciones: información clasificada.

New American Dictionary.

1

El hedor de la carne quemada llenaba el pequeño vertedero. Dos obreros uniformados con monos naranjas apilaban a los androides, formando una montaña de cadáveres que esperaban su turno de incineración. El primero se dirigió al segundo:
—Peter... ¿Qué hora es?
Su compañero comprobó su Zodiac.
—Las dos menos cuarto.
Eddie lanzó un suspiro.
—Aún quedan dos horas.
Peter soltó una risa seca.
—¡Supéralo!
Cansados, volvieron al trabajo con expresiones consternadas. Ambos cogieron a un replicante, uno por los brazos y otro por las piernas, colocándolo sobre la rampa que descendía hasta los hornos de fundición. El calor era espantoso: sudaban bajo las ropas ignífugas; suerte que faltaba poco para ser relevados. Peter señaló el cuerpo inerte que se deslizaba boca abajo hacia las llamas.
—¿Habías visto a uno como ese?
Eddie se subió las gafas a la altura de la frente.
—No.
Peter sonrió, triunfante.
—Nexus-6.
Eddie enarcó las pobladas cejas.
—¿Cómo te has enterado?
Peter hizo un gesto de superioridad.
—Tengo mis contactos.
El androide entró en la caldera. Su piel ardió, consumiéndose, mostrando los huesos blanqueados por las altas temperaturas. Sus restos se convirtieron en cenizas y desaparecieron sin dejar rastro. El sistema anunció con voz metálica: Replicante Nº 156 eliminado.
Eddie sufrió un escalofrío.
—¿Por qué los retirarán del mercado?
Peter se secó el sudor de la frente con una gamuza sucia.
—Son modelos obsoletos —explicó—. A los cuatro años se les acaban las pilas.
Eddie gruñó:
—Las Casas Madres no quieren perder pasta, ¿verdad?
Peter arrojó el trapo sobre un cadáver.
—Claro que no —dijo con cinismo—. Los crean con fecha de terminación para que compres uno nuevo cada cierto tiempo. Los negocios son los negocios.
Eddie sacudió la cabeza.
—Tengo sed —comentó—. ¿Quieres una Coca-Cola?
Peter se quitó los guantes.
—Te acompaño.

2

Cuando los obreros desaparecieron, los cadáveres se agitaron y una replicante surgió entre ellos con los labios apretados. Metódica, Takako comprobó su entorno; el crematorio estaba vacío. Después, auxilió a sus compañeros: tres androides emergieron entre los muertos. La Nexus-6 susurró en voz baja:
—Disch, vigila la entrada.
El gigante se acercó a las dobles puertas metálicas que conectaban el vertedero con el hangar principal. Su cuerpo de dos metros de altura parecía esculpido en un bloque de acero. Vance se aproximó a su compañera.
—¿Qué hacemos con los obreros?
Takako fue pragmática:
—Matarlos.
El androide esbozó una mueca.
—¿Es necesario?
—Si los dejamos vivos darán la señal de alarma. Tendremos a la policía detrás de nosotros. —Señaló los cadáveres con la cabeza—. ¿Quieres terminar como esos pobres bastardos?
Vance suspiró, la visión de los muertos le agitó el vientre; no deseaba aquel destino.
—Supongo que tienes razón.
La Nexus-6 le apretó el hombro para darle ánimos.
—Confía en mí.
Bear inspeccionaba una consola, buscando la forma de escapar, pendiente de las imágenes tomadas por las cámaras de seguridad. La replicante inquirió:
—¿Tenemos alguna posibilidad?
El androide asintió.
—Sí.
Takako inspeccionó las pantallas.
—¿Podrás conseguir un vehículo que nos lleve al espaciopuerto?
Bear afirmó:
—Yo conduzco cualquier cosa que tenga gas.
La Nexus-6 esbozó una sonrisa cálida.
—Eres el mejor, Bear.
Disch murmuró con urgencia:
—Tenemos compañía.
El grupo se ocultó. Peter atravesó las puertas acompañado por Eddie. Ambos charlaban, relajados, ignorando el peligro que corrían. Peter preguntó a su compañero:
—¿Qué harás esta tarde?
Eddie respondió:
—Saldré con mi mujer y los críos a...
Aquellas fueron sus últimas palabras. Disch lo embistió por la espalda, le agarró la cabeza y le quebró las vértebras cervicales; su cuello crujió siniestramente al romperse. Horrorizado, Peter intentó huir, pero fue demasiado tarde, el replicante saltó sobre su cuerpo, estrangulándolo. Takako observó los asesinatos, impávida.
—Arrojadlos al fuego —ordenó—. Es lo único que merecen.


3

Bear aparcó el todoterreno. Los replicantes abandonaron el vehículo bajo una cúpula deteriorada y recorrieron el muro exterior del espaciopuerto. Hipnotizada, Takako contempló Marte: el planeta rojo llenó su campo visual. La androide levantó la cabeza: las estrellas destellaban, lejanas, imbuidas en un misterio imposible de definir. Un temblor sacudió su anatomía. Era la primera vez que vislumbraba la galaxia; nunca hubiera imaginado que fuera tan hermosa. Vance le apretó la mano.
—Espectacular, ¿verdad?
La Nexus-6 musitó, impresionada, con los ojos vidriosos:
—Así es.
Bear interrumpió el momento.
—¿Estás segura que puedes pilotar una jodida nave?
El replicante iba a lo práctico; su inteligencia Nivel-C no daba para más.
—¡Por supuesto!
Con precisión, sortearon la valla electrificada y pasaron dentro del recinto. Disch hizo una señal. El grupo se inclinó detrás de un condensador eléctrico mientras una patrulla de seguridad poderosamente armada descendía hacia los depósitos. Los androides no necesitaron hablar, sabían lo que tenían que hacer; habían sido diseñados para el combate extremo por los ingenieros genéticos de la Corporación Tyrell. Como una sola persona, formaron un triángulo ofensivo, atacando a sus víctimas. Bear aplastó el cráneo del primer guardia; el hombre exhaló un gemido de dolor y murió instantáneamente. Vance se ocupó del de la derecha, reduciéndolo en cuestión de segundos, hundiéndole la yugular con el canto de la mano. Disch terminó con el tercero, reventándole los ojos; las orbitas del guardia quedaron cubiertas de sangre. Takako se encargó del último, tumbándolo de una patada; su columna vertebral se partió al tocar el suelo. Habían transcurrido diez segundos exactos, nadie había notado la presencia de los androides fugitivos; podían considerarse a salvo. Tomaron las armas y ocultaron los cadáveres, preparados para continuar adelante. Bear fue despectivo:
 —¡Humanos! —masculló—. ¡No sirven para nada!   
Todos le dieron la razón en silencio, eran conscientes de su superioridad; nadie volvería a manipularlos. Vance señaló a su izquierda:
—Una lanzadera espacial.
La nave se recortaba entre las luces cenitales de los hangares. Takako volvió a asumir el mando de la tropa.
—Tenemos que llegar hasta ella.
Inclinados, cruzaron la pista de aterrizaje, evitando las cámaras de vigilancia. Un soldado se interpuso en el camino de los androides.
—¡Alto!
Disch levantó la escopeta, las postas trituraron el estómago del hombre, diseminando sus entrañas contra el fuselaje de la lanzadera. Otro agente apareció en lo alto de la escalera.
—¡Replicantes! —chilló—. ¡Alerta Roja!
Vance abrió fuego. Las balas de mercurio lo convirtieron en un colador; su cuerpo rodó escalones abajo dando tumbos. La Nexus-6 aulló:
—¡Bear, cierra la compuerta!
El androide pulsó un interruptor del tablero de mandos; la puerta descendió acompañada por una vaharada de nitrógeno líquido. 

4

Disch franqueó el pasillo tubular con el dedo en el gatillo del arma sin perder de vista los recodos traicioneros. Un soldado apareció de improviso. La andanada estuvo a punto de volarle la cabeza; la pared situada a su espalda quedó cubierta de agujeros. El Nexus-6 contraatacó. El agente dio una pirueta; tenía la mandíbula destrozada. Takako miró al resto del grupo.
—Nos veremos en la cabina de vuelo. Matad a cualquiera que se interponga en vuestro camino. ¿Entendido?
Vance protestó:
 —¿Civiles también?
El tono de la replicante no dio lugar a dudas:
—Naturalmente.
Takako siguió a Disch, con una Glock en la diestra, cubriendo su retaguardia. Una azafata apareció delante de su camino. Un balazo le perforó el cráneo; los sesos salieron despedidos en todas las direcciones. Una descarga se escuchó en el otro extremo de la nave: sus compañeros se habían encontrado con nuevos enemigos. Otro estertor llegó a sus oídos. Los androides habían salido victoriosos de la escaramuza. Disch preguntó:
 —¿Has visto los emblemas de los soldados?
La Nexus-6 se encogió de hombros:
—¿Acaso importa?
Disch se mostró preocupado.
—Pertenecen a la Tyrell Corporation.
Takako respingó:
—¡Joder!
El replicante continuó:
—Si llegamos a la Tierra, los perseguirán las unidades Blade Runners. Estamos metidos en la mierda hasta las orejas. 
La androide procuró tranquilizarlo.
—Todo saldrá bien.
Disch sonrió.
—¡Eso espero!
Takako aparentó más seguridad de la que en realidad sentía. Sabía que su plan estaba condenado al fracaso, tarde o temprano terminarían cazándolos, pero prefería morir como una mujer libre, que tiranizada por los militares que los habían comprado. Descendieron un pasadizo circundado por paredes inclinadas; faltaba poco para llegar a su objetivo. En el caso de permanecer en Deimos, terminarían por descubrirlos y ejecutarlos. Disch percibió un ruido. De una poderosa patada, derribó la puerta de un camarote, arrancándola de los goznes. Un oriental con aspecto de informático berreó:
—¡No dispare!
Sus pulmones quedaron esparcidos en el interior de la lujosa estancia. La Nexus-6 cambió el tambor de la pistola y continuó detrás de Disch. Una ruidosa ráfaga crepitó delante de los androides. Un agente se derrumbó abatido por la espalda soltando sangre por la boca. Una granada de trinitrotolueno escapó de su mano inerte. Vance pasó encima del cadáver.
—¡Por los pelos!
Bear pateó al muerto.
—Hemos tenido suerte —gruñó—. La granada nos hubiera matado a todos.
Takako fue práctica:
—¿Cuántos quedan?
Vance confirmó las estadísticas.
—Ninguno —dijo—. La cabina está libre.
La matanza no le dio ni frío ni calor. Habían conseguido su objetivo. Era lo único que le importaba.
—Perfecto. 

5

Los androides tomaron asiento sobre las butacas forradas con poliuretano. Disch rezongó:
—Ha llegado el comité de bienvenida.
Un batallón de soldados disparó contra la nave. Las balas rebotaron sobre el blindaje, picoteando el cristal de la cabina. La Nexus-6 accionó los controles, agarró los mandos de la lanzadera y apretó el conmutador de ascenso.
 —¡Demasiado tarde, estúpidos!
Movió una palanca. Las ametralladoras de proa giraron, enfocaron a sus contrincantes y lanzaron una ráfaga de trazadoras de nitrógeno. El casco de la lanzadera tembló. Los agentes fueron borrados del mapa. Takako abrió el techo del almacén. Los motores gemelos quemaron la plataforma. La nave ascendió hacia las galerías plagadas de enemigos. La fuerza centrífuga los aplastó contra los sillones. La replicante activó el escudo de protección al máximo. Una docena de proyectiles pesados chocó contra el campo iónico. Bear revisó los paneles indicadores.
—Contamos con tres ametralladoras. No es mucho para enfrentarnos a ellos.
Takako fue mordaz:
—Haré lo que pueda.
Vance indicó:
La Nexus-6 conectó el radar bidimensional. Un rectángulo azulado surgió encima de los mandos. Ningún caza los esperaba en el exterior. La nave se inclino hacia un lado, efectuó un elegante giro y abandonó el espaciopuerto, internándose en el cosmos. Lentamente, la superficie quebrada de la luna, con sus cráteres llenos de carbono, regolito y hielo quedaron atrás, desvaneciéndose en el abismo estelar. Takako conectó la Inteligencia Artificial. Luego relajó los músculos de su espalda. Vance le dio un beso en la nuca.
—Tu plan ha dado resultado.
La Nexus-6 no respondió, preocupada, le inquietaba el futuro que les aguardaba; en La Tierra no tendrían un segundo de respiro.
Ya veremos lo que pasa, pensó. Quizá logremos sobrevivir en Los Ángeles.